Hay una devoción popular con tradición desde la edad media, que es el Viacrucis (el camino de la cruz). Donde el católico recorre los momentos más sobresalientes de la pasión y muerte de Cristo: desde la oración en el huerto hasta la sepultura de su cuerpo.
Ahora bien, con la fe de que Jesucristo venció el pecado y la muerte, se vio conveniente y útil introducir un segundo “camino” (vía): el de la luz. De este modo los fieles acompañarían a Jesús en las etapas de su presencia de Resucitado durante los 40 días que anteceden su Ascensión al Cielo y durante la preparación a la gran solemnidad del Espíritu Santo, en Pentecostés.
En 1989 el Víalucis fue presentado al sucesor de Don Bosco, don Egidio Viganó quien se involucró y nombró una comisión teológica para estudiar criterios y formularios variados. Surgieron algunos para comunidades parroquiales, otros para grupos comprometidos, para jóvenes y para personas consagradas.
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El Vialucis, nacido para el movimiento de la Familia Salesiana que estaba en busca de una oración que expresara el propio carisma, se difundió, por obra y gracia del Espíritu, tan rápidamente que en abril de 1990 se celebró solemnemente el primer Vialucis presidido por el sucesor de Don Bosco, Don Egidio Viganó, en Roma, sobre el suelo de las Catacumbas de San Calisto, en el Capítulo general de los salesianos. Y fue significativo celebrarlo solemnemente por primera vez allí donde reposan los mártires, testigos de una fe inquebrantable en el Resucitado.
Siguió la notificación a Juan Pablo II, precisamente por parte del Rector mayor, y la lenta implicación de los Obispos. Algunos introdujeron enseguida en sus propias diócesis la práctica del Vialucis como llegada a la alegría de la vida cristiana, después de la experiencia del Víacrucis.
¿Qué es el Vialucis?
Desde el domingo de Pascua hasta el de Pentecostés hubo cincuenta días llenos de acontecimientos, inolvidables y trascendentales, que los cercanos a Jesús vivieron intensamente, con una gratitud y un gozo inimaginables.
El Vialucis, «camino de la luz» es una devoción reciente que puede complementar la del Viacrucis. En ella se recorren catorce estaciones con Cristo triunfante desde la Resurrección a Pentecostés, siguiendo los relatos evangélicos. Incluidos también la venida del Espíritu Santo porque, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «El día de Pentecostés, al término de las siete semanas pascuales, la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como Persona divina».

La devoción del Vialucis se recomienda en el tiempo Pascual y todos los domingos del año que están vinculados a Cristo resucitado.
Las 14 estaciones del Santo Víalucis empiezan con el domingo de Pascua, día de la luz que vence las tinieblas de la muerte, y sigue hasta Pentecostés, misterio contemplado en la estación XIV.
Más que un camino que se recorre “a pie”, éste de la luz se recorre con la “memoria”, en cuanto se va recordando y meditando los acontecimientos pascuales que se dieron durante los 50 días que separan la mañana de la Pascua de la de Pentecostés. Son acontecimientos inolvidables y de gran valor, como son las apariciones de Jesús a la Magdalena, a los Discípulos de Emaús, a Santo Tomás; así es inolvidable el momento en que Cristo, en la noche de Pascua, otorga el poder de perdonar los pecados.
El Víacrucis consiste en un “acompañar orante” a Jesús camino al Calvario, el Víalucis se ha convertido en acompañar y seguir a Jesús en su camino de gloria.
Oración preparatoria
Señor Jesús, con tu Resurrección triunfaste sobre la muerte y vives para siempre comunicándonos la vida, la alegría, la esperanza firme.
Tú que fortaleciste la fe de los apóstoles, de las mujeres y de tus discípulos enseñándolos a amar con obras, fortalece también nuestro espíritu vacilante, para que nos entreguemos de lleno a Ti.
Queremos compartir contigo y con tu Madre Santísima la alegría de tu Resurrección gloriosa.
Tú que nos has abierto el camino hacia el Padre, haz que, iluminados por el Espíritu Santo, gocemos un día de la gloria eterna.
Estaciones
– Primera estación: Jesús resucita de la muerte.
– Segunda estación: los discípulos encontraron el sepulcro vacío.
– Tercera estación: Jesús resucitado se manifiesta a María Magdalena.
– Cuarta estación: Jesús resucitado en el camino de Emaús.
– Quinta estación: Jesús resucitado se manifiesta al partir el pan.
– Sexta estación: Jesús resucitado se presenta vivo ante los discípulos.
– Séptima estación: Jesús resucitado da el poder de perdonar los pecados.
– Octava estación: Jesús resucitado confirma la fe de Tomás.
– Novena estación: Jesús resucitado encuentra a sus discípulos en el lago Tiberíades.
– Décima estación: Jesús resucitado confiere el primado a Pedro.
– Décimo primera estación: Jesús resucitado encarga a sus discípulos su misión universal.
– Décima segunda estación: Jesús resucitado asciende al cielo.
– Décimo tercera estación: con María, los discípulos esperan al Espíritu Santo.
– Décimo cuarta estación: Jesús resucitado envía a los discípulos el Espíritu Santo.
Oración final
Señor y Dios nuestro, fuente de alegría y de esperanza, hemos vivido con tu Hijo los acontecimientos de su Resurrección y Ascensión hasta la venida del Espíritu Santo; haz que la contemplación de estos misterios nos llene de tu gracia y nos capacite para dar testimonio de Jesucristo en medio del mundo.
Te pedimos por tu Santa Iglesia: que sea fiel reflejo de las huellas de Cristo en la historia y que, llena del Espíritu Santo, manifieste al mundo los tesoros de tu amor, santifique a tus fieles con los sacramentos y haga partícipes a todos los hombres de la resurrección eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Leonela Colmenares
Pasante UBA


