En la secuencia que venimos reflexionando en este espacio de “fe creída, fe vivida”, es imperativo detenernos en una realidad que ya no podemos ignorar: el continente digital. Escuchamos en repetidas ocasiones al Papa Francisco solicitando una “Iglesia en salida”. Esta expresión no es un eslogan publicitario, sino una opción existencial que implica riesgos.
El Santo Padre fue claro: prefiere una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a sus propias seguridades.
La segunda opción, la del inmovilismo, es quedarnos en el mismo lugar con las mismas personas, autorreferenciándonos en nuestra labor y teniendo ideas creativas que, lamentablemente, no llegan a aquellos que siguen “fuera”.
Lea también: Iglesia vive del Cristo eucarístico
Sin embargo, cuando Jesús dio el mandato misionero: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”, no descartó ningún escenario. Hoy, ese “mundo” incluye vías digitales donde transitan millones de personas con afectos, soledades y necesidades, buscando desesperadamente “algo” que sacie su sed de trascendencia.
La cultura del clic
En nuestra Diócesis de San Cristóbal a través de la Vicaría Episcopal de Comunicación, bajo el impulso de una comunicación que busca la comunión, entendemos que en esas vías digitales hay personas buscando la alegría de ser tomadas en cuenta. Hasta allí debemos llevar la esperanza.
Se nos ha pedido ser una Iglesia de puertas abiertas; esto incluye no cometer el error de cerrarle la puerta digital a aquellos que, por diversos motivos, se han alejado de los templos físicos, pero navegan en “busca de la Verdad”.
En muchos de nuestros contextos geográficos en el Táchira, donde la distancia o las dificultades de movilidad pueden hacer que el fiel se sienta aislado, las redes sociales permiten fortalecer el sentido de unidad con la comunidad diocesana y universal.
Las plataformas digitales de nuestra Iglesia Local ofrecen la posibilidad de compartir recursos espirituales y litúrgicos que hacen que las personas puedan rezar con un renovado sentido de cercanía. Es, en esencia, derribar muros para construir puentes de fe.
Nuevo Patio de los Gentiles
En el mundo virtual hay todo un mundo por evangelizar. Internet es como aquel “patio de los gentiles” del templo de Jerusalén: un espacio abierto para quienes Dios es quizá un desconocido, pero que cultivan un deseo absoluto de bondad.
Nosotros, y especialmente las personas consagradas a amar y servir al Señor, sacerdotes y laicado, podemos aportar una herencia carismática rica que debe ser “colgada” en la red para ofrecer un contrapunto inquietante a la vacuidad que a veces impera en lo digital.
Pero esta presencia no puede ser improvisada, la presencia de la Iglesia en internet debe ser como la del misionero que llega a tierras desconocidas: lo primero que se le exige es conocer la cultura y aprender el idioma. No podemos pretender evangelizar la red hablando un lenguaje que nadie comprende o ignorando las dinámicas de interacción de las plataformas actuales.
Día de la juventud
Nuestros contemporáneos, y especialmente nuestros jóvenes, habitan la red. Ante la proximidad de celebrar el día de la Juventud, el desafío es mayor. Debemos llegar con mensajes eficaces a ellos, que dedican gran parte de su tiempo a navegar. Si queremos ir a su encuentro para hablarles de Cristo, debemos conocer su propia dinámica interna.
La meta es clara: prolongar la presencia de Jesús en el ecosistema digital, abriéndonos sin miedo a todos los que buscan la amistad, lo verdadero y el bien. Que la red no sea para nosotros un muro, sino el canal por donde la fe creída se transforme en una fe vivida y compartida con el mundo entero.
Pbro. Jhonny A. Zambrano


