En el camino que venimos trazando sobre nuestra presencia en los medios, es necesario detenernos en la configuración de las plataformas digitales como una nueva “ágora”. Aquella plaza pública de la antigua Grecia, donde se compartían ideas y se forjaba la vida ciudadana, hoy se ha trasladado al entorno digital.
En este espacio, no solo circulan informaciones y opiniones, sino que nacen nuevas relaciones y formas de comunidad que desafían nuestra creatividad pastoral.
El gran reto para nosotros, como Iglesia Local de San Cristóbal, es lograr que el simple intercambio de datos se convierta en verdadera comunicación, que los contactos fríos se transformen en amistad y que las conexiones tecnológicas faciliten la auténtica comunión.
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No hay mayor gratitud para un evangelizador que saber que, a través de un mensaje en la red, una persona ha cambiado su día al encontrarse con Jesús en medio de su cotidianidad virtual.
Espacio de aceptación y donación
Evangelizar la red no es una invasión, sino un acto de diálogo cultural. Como nos recordaba Benedicto XVI, la diversidad cultural en el mundo digital exige que no solo aceptemos al otro, sino que aspiremos a enriquecernos con su realidad, ofreciéndole a cambio lo que tenemos de bueno, verdadero y bello (trascendentales del alma).
Las redes sociales deben ser espacios inclusivos. Si la Buena Noticia no se hace presente en el ambiente digital, corremos el riesgo de quedar fuera de la experiencia existencial de miles de personas, especialmente de los más jóvenes, para quienes el mundo virtual no es una realidad paralela, sino parte integral de su vida diaria. Estar en la red no es una moda, es una necesidad para que el mensaje de salvación no sea ajeno a la dinámica humana actual.
Nuevos lenguajes
La urgencia de utilizar nuevas maneras de evangelización no responde al simple deseo de “estar al día”. Lo hacemos para permitir que la riqueza infinita del Evangelio encuentre formas de expresión que alcancen las mentes y los corazones de hoy. Esto requiere un discernimiento profundo sobre cómo nos comunicamos.
Curiosamente, hasta en los elementos más sencillos como los emoticones o símbolos gráficos, encontramos un lenguaje universal. Estos caracteres, que a menudo incluyen representaciones de la fe, el culto y los sacramentos, son herramientas que el diseñador y el usuario emplean para transmitir cercanía.
Cristo, el Comunicador del Padre, se hace presente incluso en estos símbolos que buscan cubrir la necesidad de una relación universal y trascendente.
Testigos de la alegría
Cada vez son más los católicos que asumen con responsabilidad su rol en la red, convirtiéndose en testigos de alegría. La evangelización en el mundo digital debe ser permanente; no es un evento aislado, sino un estilo de vida.
Al publicar la salvación de Jesucristo, no sólo lanzamos palabras al aire, sino que invitamos a los demás a brindarle a Dios un instante de su tiempo en medio de su navegación.
Nuestra tarea es seguir habitando esta plaza pública con la certeza de que el Espíritu Santo nos precede. Que nuestra presencia en la red sea siempre un puente que lleve del teclado al encuentro, y de la pantalla al abrazo fraterno en la fe.
Pbro. Jhonny Zambrano


