El domingo siguiente a Pentecostés, la Iglesia Universal celebra la fiesta de la Santísima Trinidad. Al retornar al tiempo ordinario, luego de experimentar la Pascua y celebrar la resurrección de Nuestro Señor, se resalta el misterio central de la vida cristiana: un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Con motivo de esta solemnidad, Freddy Ruiz, diácono permanente adscrito a la parroquia Santísima Trinidad de Pirineos, en la ciudad de San Cristóbal, ofreció una reflexión sobre el significado de la Trinidad Santa en la vida del creyente y cómo entender y vivir este misterio.
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En este sentido, señaló como premisa fundamental la existencia de una única esencia divina, que se observa en tres personas distintas entre sí, y entre quienes existe una comunión perfecta.
“El ejemplo más concreto de amor para cada uno de nosotros, es el que nos da la Santísima Trinidad, que es el modelo de amor perfecto y de relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Al hablar de la Santísima Trinidad como misterio, no significa que sea algo abstracto o imposible de comprender, sino que es inagotable esa comprensión que podemos dar”.
Familia
Al referirse al significado de la Santísima Trinidad en la vida del creyente, el diácono resaltó el modelo comunitario de familia: el padre es el origen de la vida o el Creador, el hijo es la palabra hecha carne o el redentor y el Espíritu Santo es el mismo amor derramado o santificador.
Añadió que esa estructura de familia perfila el amor mutuo en el cual “el padre nos adopta como sus hijos”, el hijo nos otorga la salvación al liberarnos del pecado y el Espíritu Santo acompaña y permanece en cada bautizado.
Vivencia
Ese modelo de amor perfecto que es la Trinidad, invita entonces a imitar esta dinámica de unidad en la vida cotidiana, y en torno a ello, Freddy Ruiz menciona algunas acciones que conducen hacia ese ideal.
“Para vivir este misterio de la Santísima Trinidad en nuestra vida diaria, debemos ser los primeros en vivir en comunión con todos y participar activamente en la vida y dinámica de la Iglesia, de la cual formamos parte”.
Acotó que, en esa dirección es importante rechazar el individualismo y procurar la unidad en la familia y la comunidad perseverando en la disposición de servicio, sobre todo a los más necesitados.
“Otro aspecto importante, es que debemos siempre mantener una vivencia de oración en nuestras vidas, con un orden, en la cual nos dirijamos al padre, por el hijo, en el Espíritu Santo”, es decir, recordar que Cristo es el mediador entre Dios y los hombres y que el Espíritu Santo que se ha recibido en el sacramento del bautismo y reafirmado en la confirmación, es el que inspira la relación y el encuentro con el Creador.
Que la Santísima Trinidad; padre, hijo y Espíritu Santo, nos ayude a construir la unidad con quienes nos rodean y nos conceda poner en práctica el amor con todos. Amén.
Ana Leticia Zambrano


