San Justino nació en Siquem, Samaria en el año 100, hijo de padres paganos y griegos se abocaron con el santo para que se preparará de manera íntegra bajo la premisa de áreas como historia, filosofía y literatura. Este accionar lo convirtió en un hombre amante de la verdad y acucioso en la búsqueda de la luz en medio de la oscuridad reinante por el paganismo.
Su incansable preparación lo hizo distinguirse en retórica y poesía, una situación que lo instó a estudiar filosofía. Durante años se dedicó a escudriñar en torno al conocimiento de Dios, de allí que innumerables maestros cruzaron por su vida, sin embargo, no colmaron sus expectativas. Pese a ello, no desistió hasta que una palabra, un hecho, una verdad lo confrontó con el cristianismo, para convertirse y profundizar su fe.
Lea también: 30 años formando con corazón de padre
Su accionar acogido por la inteligencia y brillantez demostraba la importancia de la fe apostólica la cual defendía ante cualquier figura de autoridad, sin el temor de ser perseguido, intimidado y hasta amenazado de muerte por su convicción. En sus innumerables análisis escribió sus “Apologías”, donde de manera argumentativa erigía la santidad de la Iglesia y la divinidad.
“En sus libros, sobre todo «Diálogo con el Judío Tifón» nos cuenta que tuvo un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, luego del cual, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta”.

La obra del santo fue considerada una amenaza que atentaba contra la religión y la cultura instaurada por el imperio, de allí que fue capturado y obligado a rendir homenaje a los dioses romanos, una imposición a la cual se negó por lo que fue decapitado junto con otros seis cristianos (cinco hombres y una mujer).
Oración
Oh Dios nuestro, que revelaste a San Justino en los sufrimientos de la cruz la incomparable sabiduría de Jesucristo, concédenos por su intercesión la gracia de superar los errores que nos rodean y de mantenernos siempre firmes en la fe.
San Justino, tú que buscaste la verdad con gran fervor y defendiste el Evangelio con valentía y sabiduría, te pido que ruegues por mí. Ayúdame a buscar la verdad en Cristo, a defender mis convicciones sin temor y a crecer cada día en la comprensión de tu mensaje divino.
Alcánzame el valor para presentar la fe ante el mundo y la fortaleza para perseverar en medio de la adversidad.
Amén
(Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria al Padre)
Carlos A. Ramírez B.


