Entre edificios derrumbados, familias que aún esperan noticias de sus seres queridos y comunidades enteras tratando de levantarse, la Iglesia en La Guaira continúa acompañando a la población golpeada por el terrible doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado miércoles 24 de junio.
El padre Antonio Rella, párroco de la parroquia Inmaculado Corazón de María, asegura que describir con exactitud la magnitud de la tragedia resulta todavía difícil debido a las limitaciones de movilidad y a la dimensión de los daños.
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“El destrozo fue monumental”, afirma. “Hay lugares que se asemejan a escenarios de guerra y otros que evocan imágenes apocalípticas, con edificios completos reducidos a escombros”.
Entre la esperanza y el duelo
A quince días del sismo, muchas familias continúan aferradas a la esperanza de encontrar con vida a sus familiares desaparecidos. Otras han debido afrontar el dolor de recuperar únicamente los restos de sus seres queridos.
“Todavía existe una esperanza muy grande en muchísimas familias”, expresa el sacerdote, recordando el reciente rescate con vida de dos hermanas entre los escombros.
La incertidumbre, explica, no es solamente emocional. También se extiende a aspectos tan básicos como el acceso al agua, a los alimentos y a la estabilidad económica. Aunque algunos comercios han reabierto, la actividad sigue siendo limitada y muchísimas personas han perdido sus fuentes de ingreso.
Una parroquia convertida en centro de ayuda
La parroquia Inmaculado Corazón de María sufrió daños menores en comparación con otras comunidades de la diócesis. Aunque algunas imágenes religiosas cayeron y el altar resultó afectado, la estructura del templo permaneció en pie.
La situación es muy distinta en otras parroquias vecinas. La catedral sufrió graves daños y varias iglesias deberán ser demolidas debido a los efectos del terremoto.
Precisamente porque el templo parroquial resistió el impacto del sismo, se ha transformado en un lugar estratégico para la atención de la emergencia.
“La parroquia se convirtió en un lugar de encuentro para los sacerdotes y también en un centro de distribución de ayuda para las comunidades vecinas”, explica el padre Rella.
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