Giovanni Gualberto Vildomini, nació en Florencia, aproximadamente en el año 995, en el seno de una familia noble. Su único hermano fue asesinado. Un viernes santo encontró al asesino en un callejón sin posibilidad de escapar. Cuando se disponía a darle muerte, el hombre con los brazos extendidos en cruz le suplicó que le perdonara la vida.
Gualberto “se acordó de Cristo crucificado. Se bajó de su caballo. Abrazó a su enemigo y le dijo: «Por amor a Cristo, te perdono». Posteriormente entró a una Iglesia, se arrodilló ante la imagen del Señor y percibió que Él inclinó la cabeza y le dijo “Gracias Juan”.
A partir de ese momento sintió el llamado a la vida religiosa y se fue al convento de los monjes benedictinos de su ciudad a pedir que lo admitieran. Al principio su padre se opuso, pero luego de ver la transformación y convicción de su hijo, aceptó.
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Estando en el convento, falleció el superior y Juan vio cómo uno de los monjes fue con el obispo y le ofreció dinero para que lo nombraran superior. “Gualberto no pudo soportar esta indignidad y se retiró de aquel convento con otros monjes y antes de salir de la ciudad, declaró públicamente en la plaza principal que el superior del convento y el obispo merecían ser destituidos porque habían cometido el pecado de simonía. Más tarde logró que los destituyeran”.
Juan se trasladó hasta un lugar llamado Valleumbroso y allí fundó un monasterio en el cual se propuso observar fielmente las enseñanzas de San Benito. Con el pasar del tiempo, por su ejemplo muchos sintieron el llamado a la vida religiosa y logró fundar otros monasterios.
A San Juan Gualberto se le atribuye la incorporación de los conversi o hermanos legos, quienes asumían las labores manuales y asuntos seculares del monasterio, para que los monjes pudieran dedicar más tiempo a la oración.

En el monasterio creado en Florencia, Gualberto hizo adaptaciones a la norma Benedictina para hacer hincapié en la austeridad y la humildad. En la abadía se ganaron la total confianza de las autoridades civiles, hasta el punto que les confiaron las llaves del tesoro y el sello de la República.
Tanto como defendía el trato piadoso a los semejantes, la austeridad y la humildad, reprochaba y denunciaba el abuso de poder, la desenfrenada búsqueda de dinero y de honores. Haciendo ejercicio de contención por su carácter decía “El rigor debe moderarse con la caridad, y la corrección con el amor».
“Durante una época de hambre, socorrió milagrosamente a las multitudes que acudían a Rozzuolo. Dios le concedió el don de la profecía y de obrar milagros, ya que curó a varios enfermos”. Su fama de sabiduría se extendió por toda Italia, a tal punto que recibió una visita del Papa León IX.
Antes de morir, el 12 de julio de 1703 dijo a sus monjes “cuando vayan a elegir un abad, escojan entre los frailes al más humilde, al más dulce, al más mortificado”. Fue canonizado por el Papa Celestino en 1193.
Oración a San Gualberto
Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu Ley, haz que, imitando la caridad de San Juan Gualberto seamos contados un día entre los elegidos en la gloria de tu reino.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Amén
Ana Leticia Zambrano


