El Papa León XIV siempre ha practicado deporte. Durante su infancia en Chicago, el entonces Robert Francis Prevost, junto con sus hermanos Louis y John Prevost, jugaba béisbol y recorría en bicicleta las calles de su barrio.
En la escuela, el Papa León XIV practicaba fútbol americano y, durante su estancia en Perú, jugaba al fútbol junto a otros sacerdotes y seminaristas. Ya como cardenal, jugaba al tenis en la Curia Generalicia de la Orden de San Agustín en Roma y frecuentaba el gimnasio.
Desde su elección, el Obispo de Roma ha dejado muy claro su compromiso con el deporte. Apenas cinco días después del inicio de su pontificado, recibió en audiencia al tenista italiano Jannik Sinner, en un encuentro distendido celebrado durante el torneo Masters 1000 de Roma. Jannik, sabiendo que el Pontífice practica tenis, le regaló unas raquetas y lo invitó a disputar un partido.
El Papa León XIV, con su característico sentido del humor, bromeó incluso con la posibilidad de participar en el torneo de Wimbledon gracias a su vestimenta blanca, precisamente uno de los requisitos más emblemáticos del certamen.
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Además, 2025 fue Año Jubilar, un tiempo de renovación espiritual, perdón y gracia, acompañado de diversas intenciones de oración. Los días 14 y 15 de junio se celebró el Jubileo del Deporte, que contó con la participación de atletas tanto profesionales como aficionados. En su homilía, el Papa destacó que el deporte puede convertirse en una puerta de encuentro con el Dios Trino.
«Es por eso que el deporte puede ayudarnos a encontrar a Dios Trinidad: porque requiere un movimiento del yo hacia el otro, ciertamente exterior, pero también y sobre todo interior. Sin esto, se reduce a una estéril competencia de egoísmos».
En una carta redactada en febrero de este año, titulada La vida en abundancia, el Sucesor de Pedro reflexionó sobre el valor del deporte, presentándolo como una fuente educativa y profundamente humana. Asimismo, destacó que constituye un medio para aprender a afrontar las derrotas y celebrar las victorias en comunidad, cooperación y solidaridad. El Pontífice escribió:
«El deporte puede y debe ser un espacio acogedor, capaz de involucrar a personas de diferentes orígenes sociales, culturales y físicos. La alegría de estar juntos, que nace del juego compartido, del entrenamiento común y del apoyo mutuo, es una de las expresiones más sencillas y profundas de la humanidad reconciliada».
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