En un poblado modesto del Líbano, llamado Beqaa-Kafra, nació, el 8 de mayo de 1828, bajo el nombre de Youssef Antoun, quien años después sería conocido como San Charbel Makhlouf, un hombre de oración y silencio que demostró que la santidad está al alcance de todos siempre bajo la disciplina, amor y convicción de seguir al Señor.
A los tres quedó huérfano de padre, y bajo la tutela de su mamá, quien contrajo nupcias por segunda vez con un hombre devoto y entregado a la palabra de Dios, quien representaría para el joven el motor impulsor de su fe y convicción la cual materializaría con su vida movida por el amor a Cristo a través de la oración, ayuno y continuas penitencias.
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El santo también heredó de sus tíos su capacidad para vivir en lugares desolados con la única intención de alimentar el espíritu a través de la oración constante y una entrega solo dispuesta para servir al Señor fuera cual fuera sus condiciones.
“A la edad de 23, dejó su casa en secreto y entró al monasterio de Nuestra Señora de Mayfuq, tomando el nombre de un mártir sirio: Charbel. Hizo los votos solemnes en 1853 y fue ordenado sacerdote en 1859 por monseñor Yusef Al Marid, bajo el patriarcado de Paulo I Pedro Masad. A los 25 años se encaminó a dar cumplimiento de los tres votos religiosos: obediencia, pobreza y castidad, pero fue hasta los 31 años, el 23 de julio de 1859, cuando recibió el sacramento del sacerdocio”.
Su vida estuvo llena de sencillez admirable, con la entrega total a la oración, penitencia y el servicio constante a quienes lo solicitaran. Su estancia era conocida como un lugar apacible donde mantenía un diálogo con Dios a toda hora. Pese a su vida ausente y separada del mundo era su luz espiritual la que hacía que muchos llegaran en búsqueda de consuelo y esperanza.

“Las historias de sus obras milagrosas durante y después de su vida se han extendido por todo el mundo. Se dice que curó a un loco leyendo el Evangelio y que protegió los cultivos de las langostas rociándolos con agua que había bendecido”.
San Charbel partió al encuentro del padre el 24 de diciembre de 1898, en el monasterio maronita de Annaya, como consecuencia de una penosa enfermedad que le provocó parálisis. “Ante la insistencia de sus acólitos por los eventos considerados milagrosos, se procedió a la exhumación de su cuerpo cuatro meses después, para examinar el fenómeno. El monje había sido enterrado sin ataúd, como recomienda la regla de su orden. Su cuerpo fue encontrado flotando en el barro en una tumba inundada de agua. Se conservó incorrupto, exudaba sangre hasta el día de su canonización, emitiendo constantemente un bálsamo perfumado que ha sido apreciado como prodigioso”.
San Pablo VI lo beatificó el 5 de diciembre de 1965, durante la clausura del Concilio Vaticano II. Y su canonización llegaría el 9 de octubre de 1977 en el marco de las celebraciones del Sínodo Mundial de los Obispos.
Oración
Dios, infinitamente santo y glorificado en medio de tus santos,
Tú que inspiraste al santo monje y ermitaño Charbel
Para que viviese y muriese en perfecta unión con Jesucristo.
Dándole la fuerza para renunciar al mundo y hacer triunfar desde su ermita,
El heroísmo de sus virtudes monásticas: pobreza, obediencia y santidad.
Te imploramos nos concedas la gracia de amarte y servirte siguiendo su ejemplo.
Dios Todopoderoso, Tú que has manifestado el poder de la intercesión de San Charbel a través de sus numerosos milagros y favores, concédenos la gracia que te imploramos por su intercesión.
Amén.
Carlos A. Ramírez B.


