A los pies del Cristo del Limoncito descansa monseñor Mario del Valle Moronta, su última morada, en la Iglesia Sagrario Catedral, es un recordatorio de aquel hombre que, procedente de otras tierras se convirtió en un digno tachirense que colmó corazones y almas de fe, espiritualidad y amor incondicional.
A un año de su encuentro con el Padre aún retumba sus palabras en cada templo, en cada instancia de la Diócesis de San Cristóbal, en cada recuerdo de los noveles sacerdotes y en cada experiencia dada a los presbíteros que siempre lo recuerdan como lo que fue: un pastor, un guía incansable, un escudo para la Iglesia Local, un luchador por los derechos de los más vulnerables, un amigo, un hermano, un padre, un sacerdote entregado y dispuesto a ser Servidor y Testigo.
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No hay un lugar donde no esté su recuerdo y su presencia pues una de sus máximas siempre fue la entrega irrestricta al Evangelio y la responsabilidad, convicción y razón de su existencia de anunciar la fe a costa de su propia vida.
Desde el momento que se ordenó como sacerdote en el año 1975 y su llegada al estado Táchira como V obispo de la Diócesis de San Cristóbal se distinguió por ser un pilar de acompañamiento a quienes, por sus condiciones de vulnerabilidad se les había sesgado su voz. Es así como aquel caraqueño transformado en gocho promovió una lucha continua en la búsqueda de la equidad siempre acompañada de la presencia de Dios como bastión indisoluble para encontrar el bien y llevar la buena nueva.

Su paso por la Diócesis de San Cristóbal se caracterizó por su servicio pastoral, una profunda actitud positiva y apoyo al seminario, una continua búsqueda por las vocaciones, atención a las parroquias y una incesante visita y trabajo conjunto con las comunidades más vulnerables del estado y de todas las áreas donde la diócesis cubre con su manto.
Voces que lo recuerdan
Monseñor Lisandro Rivas, obispo de la Diócesis de San Cristóbal
Monseñor Moronta fue un obispo que dejó una huella imborrable en el presbiterio del Táchira, de Venezuela y del mundo.
Monseñor Juan Alberto Ayala, obispo Auxiliar de la Diócesis de San Cristóbal
Un pastor que cuida, protege, acompaña y guía a su pueblo por el camino del bien. Esta fue la misión de nuestro querido padre y pastor monseñor Mario Moronta, pues en medio de su pastoreo realizado como el de un padre, supo cuidar de cada uno de nosotros, supo anunciar la paz y la verdad y ser testigo de ella.

Presbítero José Lucio León, párroco Sagrario Catedral-Director Diario Católico
Siempre recordando a Monseñor Mario del Valle, obispo y hermano de todos: el señor Jesús le dio el más grande regalo que nos puede ofrecer. Desde el día que le configuró a Cristo, Buen Pastor, Sumo y Eterno Sacerdote, para guiar el pueblo de Dios por caminos de esperanza, servicio y testimonio, ha marcado una huella imborrable que le acompañó en ese camino: el amor al sacerdocio y la fraternidad hacia el Pueblo de Dios y los sacerdotes.
Historia
El 27 de mayo de 1990, el arzobispo de Caracas José Alí Cardenal Lebrún Moratinos, fue la máxima autoridad eclesial de la ordenación episcopal del hasta ahora sacerdote Mario del Valle Moronta Rodríguez ya El Papa San Juan Pablo II le había encomendado su labor como Obispo Auxiliar de Caracas con el título de Obispo de Nova.

Para el año 1995, fue nombrado obispo de Los Teques y cuatro años después fue recibido con beneplácito como quinto obispo de la Diócesis de San Cristóbal, cargo que ostentó con fe y compromiso por un pueblo que aún guarda en su corazón todas las buenas acciones que realizó en nombre del Señor.
En el estado Táchira su imagen como pastor está presente con la mano amiga, el corazón abierto y la oración a flor de piel para aquellos que, desprovistos de tranquilidad se acercan a Dios como único refugio y consuelo para todas las adversidades.
Carlos A. Ramírez B.


