“Recibiré la orden con amor para dar amor. El Señor me dice que no va a ser fácil, pero Él me va a acompañar siempre” Así se expresa Fray Mario Molero Villalobos, religioso de la Orden de la Merced, a pocos días de ser consagrado Diácono, y continuar su camino al sacerdocio.
La ceremonia tendrá lugar el 24 de septiembre en el seminario San Pedro Nolasco, en Palmira, y será presidida por monseñor Ulises Gutiérrez, arzobispo de Ciudad Bolívar y rector fundador de la casa de formación de la Orden de la Merced en el estado Táchira. Diario Católico conversó con Fray Mario y escuchó la historia de su vocación.
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Nació en Maracaibo, estado Zulia el 27 de noviembre de 1970. Sus padres, Román Molero e Hilda Rosa Villalobos, inculcaron desde pequeños la cercanía a la Iglesia tanto a Mario como a su hermana Militza, quienes crecieron y avivaron su fe en las parroquias mercedarias de Fátima y San Ramón Nonato, en el estado Zulia.
Cursó la primaria en el colegio Monseñor Granadillo, el bachillerato en el liceo Alejandro Fuenmayor. Es sociólogo egresado de la Universidad del Zulia, con especialización en Sociología de la Salud y maestría en Desarrollo Social en la misma casa de estudios superiores.

Durante 35 años, trabajó en la Clínica Paraíso y en el Hospital de la Policía del estado Zulia. Desde joven se involucró en el carisma de la Merced como Ministro Extraordinario de la Palabra y atendiendo a los enfermos. Señala que las actividades en la Iglesia fueron constantes, participaba en la Sociedad del Corazón de Jesús.
“La parroquia siempre fue mi segundo hogar y la fuente de consuelo en los tiempos difíciles. En el cuidado a los enfermos, descubrí que los podía acompañar hasta que Dios los llamara, y luego estaba con los familiares durante los novenarios. Eso fue para mí un alimento espiritual”.

Permaneció siempre cerca de sus padres, de quienes atesora la devoción al rezo del Santo Rosario, al Corazón de Jesús y por supuesto el amor a la Eucaristía. Pensó en formar una familia, pero más adelante descubrió que el Señor tenía para él otro camino.
“Valoro mucho el ejemplo de familia, de un padre que me enseñó, además de la fe, los valores humanos, la caballerosidad, el respeto y la solidaridad. (…) Sobre todo en este momento, cuando pareciera que nos hemos convertido más en objetos que en sujetos”.
Dolor y llamado
Su madre falleció en el año 2015 y su padre en el año 2018. Cuidó de ambos hasta el final y señala que su partida ha sido lo más doloroso de su vida, las noches oscuras en las que sin embargo mantuvo la certeza que Dios lo acompañaba. También marcaron el punto de quiebre para definir su vocación a la vida religiosa.
“Después de la muerte de mis padres, leí de nuevo las Confesiones de San Agustín. Fue en esta lectura cuando asimilé el llamado de Dios, reafirmé que Dios estaba dentro de mí y logré abandonarme a la voluntad del Padre celestial. De allí salió un Mario que ya no esperaba nada, sino simplemente confiaba”.
Decidió dar el paso definitivo a la vida religiosa en 2019. Ingresó en el seminario Mercedario de Palmira en el Táchira, donde lo recibió el padre José Leonardo Sánchez, actual rector, para hacer la experiencia vocacional.

“El Señor me miró con ojos de misericordia, y me hizo donarme, así como Él se dio para salvarnos. Entendí que la vida plena está marcada por el servicio, que servir es reinar y que Dios no busca perfectos, sino que perfecciona a los que llama”.
En los años 2022 y 2023 hizo el noviciado en Barcelona, España, en el Santuario de San Ramón Nonato. Luego de esta etapa retornó a Maracaibo, donde cursó la licenciatura en Teología en la Universidad Cecilio Acosta.
Volvió al Táchira, al seminario Mercedario. El 29 de noviembre de 2025 hizo sus votos solemnes para consagrarse por completo. La ceremonia fue en la parroquia San Ramón Nonato en Maracaibo.
“En este camino, abandoné toda certeza humana. Una vez le decía a María Santísima que me sentía huérfano y le pedía que me recibiera como su hijo. En algún momento me pregunté ¿Señor, me llamas a esta edad? Yo digo que el mayor milagro de María en mi vida fue acercarme a Jesús”.
Manifiesta que el noviazgo perfecto lo ha vivido dentro de la Iglesia “porque es: amarla como hija, respetarla como esposa y quererla como a una madre que siempre te espera”
Proyectos
Al consultarle sobre sus expectativas, señala que su aspiración es servir al Señor donde Él lo necesite, y piensa en ayudar a los niños, a los jóvenes y a las familias.
“Debemos luchar para que las familias sean un pedazo de cielo en la tierra, y que del amor y el ejemplo que brote de ellas, cada uno vea en los hermanos que sufren el rostro de Cristo. Que seamos todos capaces de no juzgar tanto, de soltar la piedra y abrir los brazos para abrigar al prójimo”.
Recordó que la Orden Mercedaria ha podido retomar en los últimos meses la visita mensual a los centros de reclusión del estado y de esta forma brindar ayuda espiritual y material a los privados de libertad.
Igualmente, perseveran con la formación a los laicos a través de retiros y talleres, así como el acompañamiento a las familias. De esta manera honran la petición de la Santísima Virgen María a San Pedro Nolasco, de estar dispuestos a dar la vida por la liberación de los cautivos, entendiendo que las nuevas formas de cautiverio son precisamente la vulnerabilidad de la familia, las drogas, la prostitución.
Ana Leticia Zambrano


