La Eucaristía fue presidida por nuestro obispo Monseñor Lisandro Rivas, dio inicio a la homilía diciendo: «Envía, Señor, tu Espíritu a San Simón y renueva la fe de esta tierra».
En primer lugar, agradeció a la «iglesia doméstica» por guiar a estos muchachos hacia las manos de Dios Padre misericordioso, y al corazón de la Iglesia que formamos todos los bautizados.
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Señala que la primera lectura nos narra que se oyó un ruido y el Espíritu Santo se posó en lenguas de fuego; así, todos los escucharon hablar en sus propias lenguas para que todos pudieran entender.

Nos recuerda que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad: es quien nos ilumina, nos da claridad, nos fortalece y nos brinda inteligencia.
Por otra parte, señala que donde está el Espíritu Santo hay alegría, amor y deseo de cambiar. Por ello, en el cristiano en quien habita el Espíritu Santo hay orden y todo está limpio, tal como lo refleja este hermoso pueblo.

A los jóvenes los exhorta a recordar que confirmarse no significa irse de la Iglesia; al contrario, esta los necesita y existen muchas maneras de servir.
Señala que es necesario renovar nuestra fe, rechazando a Satanás y a todas sus seducciones para permitir que la presencia de Dios Padre, uno y trino, siga con nosotros.

A los padrinos les manifiesta que deben ser compañeros en la vida de sus ahijados. Tienen la tarea de acompañarlos dando siempre testimonio. A los jóvenes, les pide que no olviden pedir siempre la bendición a sus padrinos, quienes son sus padres en la fe.
VEC


