San Juan fue un fraile franciscano que vino al mundo en la ciudad de Capistrano, antiguo Reino de Nápoles (Italia), el 24 de junio de 1386. Fue hijo de un acaudalado barón alemán que murió cuando el santo era pequeño, una situación que dejó a la familia en estado indefenso económicamente, sin embargo, eso no evitó que sus estudios los realizará de manera excepcional una condición que hizo que su talento y posteriormente éxito fueran relevantes.
«Parecía destinado a una brillante carrera política. Fue nombrado gobernador de Perugia, donde intentó restablecer la paz entre grupos enfrentados. Sin embargo, la violencia de su tiempo lo alcanzó directamente. En medio de una disputa política, fue encarcelado y sufrió una profunda crisis espiritual. En la soledad de la prisión comprendió que los honores, el poder y las riquezas eran pasajeros, mientras que la fe podía ofrecer una esperanza eterna».
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Al recuperar su libertad, el santo ingresó a la Orden de los Frailes Menores, fundada por San Francisco de Asís, allí desarrollaría su vida en oración, penitencia y servicio. Cuatro años después fue ordenado sacerdote en 1426, y fue allí que sus capacidades de oratoria lo distinguieron como predicador, una característica que utilizó para luchar por la armonía doctrinal y la promoción de la educación como factor de mayor valía.
“Su predicación no se limitó a los templos. Juan intervenía en conflictos, defendía a los débiles y trabajaba por la reforma de la vida religiosa. Consideraba que la Iglesia necesitaba sacerdotes santos, comunidades disciplinadas y cristianos comprometidos con el Evangelio”.
La capacidad de diálogo en momentos de alta tensión lo hicieron ser una pieza clave como servidor de la Iglesia. Una de las acciones más recordadas ocurrió en Belgrado cuando junto al comandante húngaro, general Juan Hunyad, alentaba a las tropas cristianas.
“Según las narraciones históricas, el fraile levantaba una cruz y clamaba: “¡Jesús, Jesús, Jesús!”. Su presencia encendió el ánimo de los soldados, que lograron derrotar al ejército otomano y detener temporalmente su avance hacia Europa”.
Luego de esa batalla, San Juan de Capistrano murió el 23 de octubre de 1456, en Ilok, territorio de la actual Croacia a los setenta años de edad. Su vida se describe como un transitar de entrega al servicio de Dios, de la Iglesia y aquellos que no tenían nada. Fue canonizado por el papa Alejandro VIII en 1690.
Oración
Querido San Juan de Capistrano, tú que diste consuelo a tu pueblo en sus pruebas apoyándote en la fe, hoy te pido que me brindes esa misma ayuda a mí que me encuentro atravesando por tiempos difíciles y llenos de obstáculos; que te apiades de mí y puedas servirme como intercesor ante el Señor para que mis plegarias sean escuchadas.
Entrego a ti todo aquello que estoy viviendo actualmente, y todo lo que ha frenado mis ansias de superarme.
Bendice todos los esfuerzos que he puesto a esta causa, intentando dar siempre lo mejor de mí en cada batalla. Amén
Amén.
Carlos A. Ramírez B.


