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A los cien años

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“¡No tengan miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo Redentor!” son palabras familiares que animaron (…) a muchísima gente.

El 16 de octubre de 1978 es elegido el Cardenal Wojtyla, Arzobispo de Cracovia, como Papa en la Iglesia Católica: Juan Pablo II. Venía de sufrir la persecución comunista y había intervenido decididamente en el Concilio Vaticano II resaltando la dignidad de la persona humana, redimida por Cristo, llamada a construir el mundo responsablemente.
El 18 de mayo se cumplen cien años de su nacimiento.
Con el convencimiento de que “Cristo es el centro del cosmos y de la historia”, proclamó en todas partes la libertad que Cristo nos ha ganado y abordó sin miedos y con valentía todos los temas de su tiempo. Entre otros: el sentido trascendente de la historia, proclamó la misericordia como una necesidad del hombre contemporáneo, el valor del trabajo humano, asumió el acompañamiento de los que sufren, de los no nacidos, de los que quieren formar una familia; con valentía, desafió los sistemas totalitarios que niegan la libertad a las personas, fustigó fuertemente el mundo hedonista y utilitario de occidente; impulsó a la Iglesia a la misión.
Su pontificado terminó con el ejemplar testimonio de su enfermedad y su abrazo a la Cruz. Lo pudimos contemplar a través de los medios de comunicación.
Siempre hay que pensar que la Iglesia de Dios es de Dios y está formada por hombres. Lo fundamental es la convocatoria que hace Cristo para que podamos todos vivir en la fe y en la esperanza, realizando la vocación de cada uno: servir generosamente “al otro”. Lo externo puede cambiar.
Es, por tanto, en esa pluralidad, muy estimulante, recordar a Juan Pablo II proclamar por todo el mundo la libertad responsable del hombre y su llamada al encuentro con Cristo en el camino de la vida. “¡No tengan miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo Redentor!” son palabras familiares que animaron a jóvenes y a adultos, sacerdotes, enfermos, en fin, a muchísima gente.
A los cien años de su nacimiento, ponemos nuestra patria bajo su protección, para que alcancemos la libertad que Cristo nos ha ganado.
Mons. Fernando Castro
[email protected]

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