En la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, en Aguas Calientes, municipio Pedro María Ureña, el obispo diocesano, monseñor Lisandro Rivas presidió la eucaristía de desagravio por la profanación y hurto del Sagrario.
La ceremonia inició en la plaza cercana, donde el prelado recitó una oración implorando perdón y misericordia por la ofensa a su presencia en la Eucaristía. En procesión, orando, ingresó al templo, seguido por los fieles. Bendijo el agua, asperjó la Iglesia y a los fieles, mientras el pueblo elevó una plegaria de contrición.
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En la homilía, monseñor Lisandro agradeció la presencia de los fieles y servidores de la parroquia y de las comunidades eclesiales cercanas.
Manifestó que al enterarse de lo ocurrido, sintió un profundo dolor por la gravedad del hecho contra el Señor presente, vivo y real en el Sagrario.

Exclamó, recordando a María Magdalena: «Nos han robado al Señor, pero hoy queremos renovar la fe de la Iglesia, y alimentar al Santo Pueblo de Dios con la Palabra y con la Eucaristía».
Sobre las personas que cometieron el hecho, expresó «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» y llamó a todos a la conversión.
Manifestó que la eucaristía busca reparar esa ofensa y defender la fe. También comprometerse a cuidar y custodiar lo que Dios pone en nuestras manos.

Junto a la intención reparadora por la profanación y el sacrilegio, invitó a tomar conciencia sobre la observación de los mandamientos de la Ley de Dios, y no dañar a los hermanos.
«Señor ten misericordia y ayúdanos a renovar nuestra fé. Queremos comprometernos a escuchar el Evangelio y sobre todo a adorar a Jesús Eucaristía en Espíritu y Verdad, para que tengamos vida y vida en abundancia».

Después de la homilía se cumplió el rito de vestir el altar, se encendieron los cirios y las luces del templo para continuar el canto de ofertorio y la plegaria eucarística.
Después de la comunión, se hizo un acto de adoración y reparación a la eucaristía. Tras la bendición con Jesús Sacramentado, se resguardó en el nuevo sagrario.


