En la homilía de la misa pontifical por el inicio del año formativo en el seminario diocesano Santo Tomás de Aquino, monseñor Lisandro Rivas, obispo de la Diócesis de San Cristóbal, afirmó que este ciclo se emprende con la mirada puesta en la cruz y en el altar.
El Obispo agradeció a los padres y abuelos de los seminaristas por apoyar la noble labor que lleva el Espíritu Santo para formarlos, primero como discípulos del Señor y luego configurarlos a Cristo. También expresó que Dios bendice el sí generoso de los jóvenes.
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Señaló que comienza un año de gracia y de bendición para formar hombres con el corazón de Cristo al servicio de la Iglesia tachirense.


«Hoy este altar es testigo de la gracia de Dios que actúa en estos muchachos, en cada etapa de formación y toda esta obra se lleva, como dice el lema del nuestro seminario, configurando sacerdotes según el corazón de Cristo».
Se refirió a la palabra proclamada, señalando que los seminaristas han sido convocados por Dios, que su primer seminario ha sido la familia, y que ahora lo que son, lo dan al Seminario. «Ahora la familia ora por la perseverancia y Dios guía a los formadores para que todos den buenos frutos».


Recordó que el Papa León XIV pide tres actitudes fundamentales para los seminaristas: primera, tener un corazón transparente y dócil; segunda, caminar hacia una cultura del encuentro, es decir rechazar el clericalismo y ser cercano a la gente; tercera, tener confianza interior frente a las tempestades que vivimos en el seminario y en el mundo.
Pidió a los formadores que ofrezcan a los seminaristas una guía certera y piadosa, una escucha empática y una verdadera paternidad espiritual.



















Prensa DC/ Vicaría Episcopal de Comunicación


