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El costo emocional de vivir en Venezuela

En Venezuela, la crisis es económica, política, social y también, emocional. Los altos índices inflacionarios, la violencia, desabastecimiento, colas, fallas en servicios públicos, y el éxodo de venezolanos crearon una división en la República, de los que se quedan, de los que se van, y lo que están por marcharse.

Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas –ONU-, la salida de venezolanos supera los 3,4 millones, considerado entonces como “uno de los grupos de poblaciones desplazadas más grandes del mundo”.

El país no estaba acostumbrado a emigrar, pero, la realidad ha hecho que con mucho dolor las familias se separen, en algunos casos, para mejorar, si han realizado un proceso planificado y prudente, que en muchas ocasiones incluyen a las mascotas.

A lo largo de décadas, los venezolanos han sido reconocidos por la actitud positiva y el buen sentido del humor que les caracterizan, pero los distintos factores que viven actualmente hacen que enfrenten situaciones que, sin duda, les afectan y desencadenan crisis emocionales.

Para el psicólogo Jaime Pernía, “a raíz de la crisis existencial, el venezolano no solo vive, subsiste, a través de la convivencia en sociedad sin perjudicar a otro venezolano, sabiendo que aún lo hace, es decir, vive del extra, no del sueldo mínimo, si no del extra para sobrevivir y así subsistir con su familia”.

Precisó que los ciudadanos se explotan a sí mismos, “al comprar y revender para tener otros beneficios y poder estar sano mentalmente”.

Hoy día, la cotidianidad está dominada por la incertidumbre, la indignación, ansiedad, intranquilidad, zozobra, resentimiento, pánico, decepción, negativismo, rabia y desencanto, entre muchos otros sentimientos que experimentan, no solo los que están en el país sobreviviendo sino además sus familiares que han emigrado.

Esta crisis, ha generado un incremento de bipolaridad e incluso suicidios, ya que “al no estar solvente económicamente, no poder tener para algunos gastos puede traer como consecuencia estrés y depresión a las personas, siendo los  más propensos  parejas jóvenes, quienes no tienen una estabilidad económica, un trabajo fijo y otros beneficios” dijo.

Las personas de la tercera de edad se suman a los afectados, pues sus hijos y nietos, quienes emigraron, “les hacen ver villas y castillos en que van ayudarlos, cuando realmente el dinero enviado alcanza para un mercadito, esto trae una crisis en la personalidad que pudiese llevar al suicidio, que se alimenta a través del alcohol, las drogas” señaló.

También, el desánimo, se acrecienta al escuchar las quejas de todos a través de continuas expresiones de negatividad, pues es una manera de liberar esas angustias cotidianas. Este entorno negativo afecta la percepción y no permite ver claramente ni el presente ni el porvenir.

Esa aflicción, que generan las diversas emociones negativas, acompaña al venezolano que está huyendo en estampida del malestar, del agotamiento, la incertidumbre, de las expectativas de cambio sin concretar y de la inestabilidad emocional, lo cual genera agotamiento tanto corporal como mental.

Todo este coctel de emociones minimiza la paciencia, el positivismo, la ecuanimidad y el entusiasmo de los ciudadanos, para ello, deben buscar diferentes alternativas, como “terapias familiares, incentivar hacer cosas nuevas, como cultivar, apoyarse familiarmente, entre otras” agregó.

¿Hay fuerza emocional en el país?

Al ser consultado sobre sí hay fuerza emocional en el país para sobrellevar la crisis, afirmó que la hay, pero, “las personas por pena no acuden a los entes correspondientes para tener una salud mental plena y así contar con una vida tranquila”.

Aseguró que los niveles de tolerancia son bajos, motivado a que “el ciudadano está acostumbrado al facilismo, y al mermar las compras que se consideran como lujo, la gente no tolera poder adquirir esos bienes creando un caos entre nosotros mismos de  no tolerancia y receptividad con otras”.

Panorama poco alentador

De continuar esta crisis, el panorama no es alentador para Pernía, pues “cada vez vamos en decadencia si entre nosotros mismos no nos ayudamos, vamos a seguir estancados, y de ser uno de los países más ricos, seremos uno de los países más pobres, pues en unos años, nos veremos desgastados físicamente, emocionalmente y espiritualmente”.

De ejecutarse un cambio, éste mismo pasaría a ser visto como una “mentira” expresó, y para ello, “debemos cambiar la mentalidad, apoyarnos, y cumplir con normas, no revender, no especular y hacer denuncias, pues el estado Táchira se caracteriza por no hacerlo, esto debido a la poca credibilidad que pudiesen tener las instituciones públicas” agregó.

Para el especialista, es muy importante la persistencia, no abandonar el optimismo, para poder encarar todas las adversidades. Además, no olvidar que Venezuela requiere el esfuerzo conjunto de todos para salir adelante y lograr el bien común, a pesar  de lo difícil que parezca.

 

¿Qué hacer para no colapsar por la crisis?

 

Jerarquizar las necesidades: pensar con calma y dar prioridad a las acciones más importantes.

 Darle un uso adecuado la información. Leer es importante, pero debe verificarse la información y conocer si lo que se lee es verdadero o falso.

Preservar las rutinas. Pese a la falta de servicios básicos, las personas deben continuar con sus actividades del día a día en la medida que sea posible, como los horarios de comida o sueño.

No transmitir la angustia a los niños, sino protegerlos ante todo.

 

Maryerlin Villanueva / @mayevillanueva

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