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El Diálogo: Criterio Teológico que regula el bien común

Fe creída, Fe vivida

Hablar de la Cuestión Social después del CVII es hablar de ENCUENTRO Y DIALOGO con la sociedad en una perspectiva más inductiva. Éste y los próximos artículos los dedicaré a san Pablo VI, quien ofrece en su Magisterio social criterios que podemos asumir para la refundación de la sociedad venezolana desde una pastoral para una acción política.

El envío evangelizador del Señor, es la motivación para salir al encuentro de todos guiados por el mandamiento de la caridad, convirtiendo a la Iglesia en promotora del diálogo. Carlos María Galli (Teólogo argentino), en su obra: «La alegría del Evangelio en América Latina» (2018) afirma que, «Pablo VI es el primero que introduce la noción de diálogo en la doctrina católica», cuando el 06 de agosto de 1964, entre la II y III sesión del CVII, sale a la luz su primera Carta Encíclica Ecclesiam Suam (ES).

Aunque ES no forma parte de la DSI, siento la necesidad de hablar de ella, ya que aporta un gran criterio teológico que es transversal. Hoy en día, en el ámbito sociopolítico muchos descalifican a quienes invitan al diálogo, peor aún se piensa que propiciar el diálogo es una equivocación, sin embargo, es un criterio regulador del bien común.

Para san Pablo VI dialogar significa ESCUCHAR antes de proponer. J. Guitton, en su obra: «Diálogos con Pablo VI» referirá que dialogar es «situarse en el lugar del hombre moderno, adoptar su punto de vista y comprender sus críticas y sus decepciones».

¿QUÉ NOS ENSEÑA ECCLESIAM SUAM? La primera Encíclica de san Pablo VI, nos enseña que el diálogo se vive en la Iglesia en dos direcciones AD INTRA (ES 7-18) entre los miembros de la Iglesia y AD EXTRA (ES 31-54) con el resto de la humanidad.

La Iglesia comienza conociendo su realidad interior, para en consecuencia ser efectiva en el mundo. El diálogo es resultado de una clara concepción de la Iglesia de sí misma. La reflexión se desenvuelve en tres pensamientos en forma de círculos concéntricos que se van ampliando.

El primero señala su propia tarea (parte espiritual); el segundo, la labor a que invita la Iglesia (parte moral) y el tercero, el contenido de la tarea (parte pastoral). Los círculos despliegan el tema con el ritmo temario: CONCIENCIA-RENOVACIÓN-DIÁLOGO.

«La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio» (ES 34). Es la Iglesia de la Palabra, que debe PROCLAMAR, pero también que debe ESCUCHAR a todos los seres humanos.

Es un estilo propio de la Iglesia, por lo tanto, debemos estar convencidos que somos herederos de este criterio que unido al de la CARIDAD, debe adornar toda propuesta espiritual que busque propiciar la salvación de la humanidad, y a nivel social el bienestar común. San Pablo VI percibió la necesidad de que la Iglesia fuese eje de la sociedad contemporánea ENCARNÁNDOSE.

A.M. Navarro en «Colloquium salutis» (2006), expresa que una aportación importante de ES fue «haber dado a la categoría de diálogo una valencia teológica y pastoral de primer orden, sean cual sean las condiciones en que se desenvuelva la vida y la misión de la Iglesia».

¿QUÉ NOS DICE SAN PABLO VI SOBRE EL DIALOGO?

  1. El diálogo tiene SU FUENTE en la iniciativa que Dios ha tenido y trasmitido. Nace de la caridad, sin limitarse a los méritos, límites, resultados, y cálculos. Es guiado por la libertad y destinado a toda la humanidad sin excepción, permaneciendo en la historia humana.
  2. El diálogo es una MANERA DE PRESENTAR LA MISIÓN EVANGELIZADORA de la Iglesia. Debe ejercerse con claridad, mansedumbre, prudencia y confianza, virtudes que cobijan al diálogo, llegando a realizar «la unión de la verdad con la caridad y de la inteligencia con el amor» (ES 38).
  3. Es un diálogo que SE ENCARNA EN LAS CONDICIONES DEL INTERLOCUTOR, no desde la uniformidad, sino desde las realidades concretas de la situación, con actitud de servicio. El diálogo auténtico se hace con el dinamismo de la Encarnación de Cristo: «Como el Verbo de Dios que se ha hecho hombre, hace falta hasta cierto punto hacerse una misma cosa con las formas de vida de aquellos a quienes se quiere llevar el mensaje de Cristo» (ES 39).
  4. El diálogo debe ser acompañado de APERTURA Y ESCUCHA: «La dialéctica de este ejercicio de pensamiento y paciencia nos hará descubrir elementos de verdad aún en las opiniones ajenas, nos obligará a expresar con gran lealtad nuestra enseñanza y nos dará mérito por el trabajo de haberlo expuesto a objeciones y a la asimilación de los demás» (ES 38).
  5. Es necesario ENCONTRARSE, dejando de lado las distancias de privilegios o lenguajes que nuestra gente no comprende, asumiendo las costumbres de nuestros pueblos desde los valores cristianos, de manera especial con aquellos que son más vulnerables y poco tomados en cuenta, poco escuchados y comprendidos, tratándolos como hermanos, aún más como amigos.

¿CON QUIÉN DIALOGAR? San Pablo VI invita a que el diálogo por parte de la Iglesia se abra a todos: «Nadie es extraño a su corazón. Nadie es indiferente a su ministerio. Nadie le es enemigo, a no ser que él mismo quiera serlo» (ES 43). Él indica quienes pueden ser los interlocutores, señalando cuatro círculos: la humanidad (Cfr. ES 44-48), los que creen en Dios por medio de la fe monoteístas (judíos y musulmanes, Cfr. ES 49); los hermanos cristianos de otras confesiones (ecumenismo, Cfr. ES 50-52); y los católicos con quien describe que el dialogo es familiar, sincero, emocionado. (Cfr. ES 53).

San Pablo VI presentaba el criterio base para la nueva etapa de la Iglesia: el Diálogo. J. Guitton, describe a Montini como quien intentó verdaderamente dialogar con todos los hombres. Su noción de diálogo tiene su base y fin en la verdad de la persona humana.

 

Pbro. Jhonny Alberto Zambrano Montoya

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