Fue beatificado y canonizado por el papa Pío XI en 1930. Declarado doctor de la Iglesia en 1931. El 26 de abril de 1969 el papa Pablo VI creó un título cardenalicio «San Roberto Belarmino»
El equipo Sub-19, dirigido por Carlos Ramírez, mantuvo su paso arrollador en el torneo, con la mira puesta en el liderato, al golear 3-0 a los larenses en un partido de buen fútbol, con base en el orden y la jerarquía de sus orientados
El padre Borelli recuerda que un 24 de diciembre, monseñor Mario Moronta lo llamó para decirle que lo necesitaba en Táriba. “Yo no lo creía”, dice. Y los siguientes 16 años fue el párroco de la morada de Nuestra Señora de la Consolación
La eucaristía nos consoló con la promesa de la Plegaria Eucarística III: en el reino eterno, Dios mismo enjugará toda lágrima de nuestros ojos y, al contemplarlo tal como es, seremos para siempre semejantes a Él
La noche de este viernes, 10 de septiembre, el Papa acudió a la Basílica de Santa María La Mayor para rezar ante el icono de la Virgen Salus Populi Romani: un acto de confianza que siempre precede a la salida del Papa en sus viajes al extranjero. Por lo tanto, tal y como indica la Oficina de Prensa del Vaticano, el momento de oración fue también de preparación para la peregrinación que comienza mañana, 12 de septiembre, y termina el miércoles 15.
En la capilla Borghese, que custodia el icono de la Virgen con el Niño en brazos – la Salvación del pueblo romano que se ha encomendado a ella en cada momento de dificultad – el Papa Francisco depositó primero un ramo de flores en el altar y luego se recogió en oración.
Fue beatificado y canonizado por el papa Pío XI en 1930. Declarado doctor de la Iglesia en 1931. El 26 de abril de 1969 el papa Pablo VI creó un título cardenalicio «San Roberto Belarmino»
El equipo Sub-19, dirigido por Carlos Ramírez, mantuvo su paso arrollador en el torneo, con la mira puesta en el liderato, al golear 3-0 a los larenses en un partido de buen fútbol, con base en el orden y la jerarquía de sus orientados
El padre Borelli recuerda que un 24 de diciembre, monseñor Mario Moronta lo llamó para decirle que lo necesitaba en Táriba. “Yo no lo creía”, dice. Y los siguientes 16 años fue el párroco de la morada de Nuestra Señora de la Consolación
La eucaristía nos consoló con la promesa de la Plegaria Eucarística III: en el reino eterno, Dios mismo enjugará toda lágrima de nuestros ojos y, al contemplarlo tal como es, seremos para siempre semejantes a Él