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Hacia una cultura ética común: SOLIDARIDAD: Todos responsables de todos (6/7)

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Pbro. Jhonny Alberto Zambrano Montoya

Fe creída, Fe vivida


Todos estos Principios que venimos desarrollando en los anteriores cinco artículos, se hacen tangibles y expresan su culmen en el principio de SOLIDARIDAD que: «Confiere particular relieve a la INTRÍNSECA SOCIABILIDAD de la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una unidad cada vez más convencida» (Compendio DSI 192).

LA SOCIEDAD SURGE LUEGO DE LA PERSONA Y EN FUNCIÓN DE ELLA, la persona se realiza en sociedad, ya que el hombre no es solo un ser individual sino social. Esta esencia sociable se funda en la igualdad de derechos y dignidad entre hombre y mujer, esa misma complementariedad que poseen, da pie al primer círculo social: LA FAMILIA.

Otro circulo social que tiene su raíz en la persona, es LA SOCIEDAD CIVIL, donde la sociedad es personal y la persona es social, son interdependientes, es decir, el principio, sujeto y fin de las instituciones sociales es y debe ser la persona humana (Cfr. Gaudium et Spes 25).

La razón y la fe obtienen de esta intrínseca sociabilidad de la persona un principio ético común: La Solidaridad. Ella, expresa la interdependencia que unen a los hombres y a los grupos sociales, para ocuparse del crecimiento común.

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SOLIDARIDAD

Este principio HA MADURADO EN EL MAGISTERIO PONTIFICIO en la evolución de la cuestión social. En este sentido podemos decir, que la Solidaridad se ha transformado en un INSTRUMENTO DE LIBERACIÓN INTEGRAL.

A continuación, describo brevemente como ha sido valorada a lo largo del Magisterio Pontificio.

PÍO XI retomará la enseñanza de LEÓN XIII, diciendo que, así como la persona tiene una intrínseca dimensión social, la propiedad privada es instrumento para tutelar la libertad de la persona, así este principio permite NO CAER EN LOS EXTREMOS del colectivismo o individualismo, induciendo a atemperar el uso de la propiedad privada y armonizarlo al bien común (Cfr. Cuadragésimo Anno 45).

SAN PABLO VI en la PP eleva la Solidaridad al DEBER MORAL, no solo para los seres humanos, sino también para los pueblos y Estados, aclarando la definición reduccionista de un acto libre de generosidad y considerándolo uno de los fundamentos morales de la convivencia humana, que no se puede negociar, ni ignorar, sino aceptar y reconocer como condición indispensable para el equilibrio del sistema.

SAN JUAN PABLO II, define a la Solidaridad como uno de los PRINCIPIOS BÁSICOS de la concepción cristiana de la organización social y política, indicado que está presente siempre, aunque con diversos nombres, e incluso desde la filosofía griega con el nombre de amistad (Cfr. Sollicitudo Rei Socialis 38 – Centesimus Annus 10).

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SOLIDARIDADEl Papa subraya que, a raíz de la creciente interdependencia entre los hombres y las naciones, la Solidaridad se ha transformado en conciencia, adquiriendo una connotación moral, en este caso no puede ser vista como un sentimiento de compasión o superficial en los males de tantas personas, por el contrario, es la determinación firme y perseverante de comprometerse por el bien común, donde todos sean responsables de todos (Cfr. Centesimus Annus 38).

BENEDICTO XVI en el capítulo tercero de Caritas in Veritate (CV) inserta la solidaridad en la lógica del DON DE LA GRATUIDAD Y LA FRATERNIDAD, al fin que señala que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia.

FRANCISCO la ha definido como «una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual LA SOLIDARIDAD DEBE VIVIRSE COMO LA DECISIÓN DE DEVOLVERLE AL POBRE LO QUE LE CORRESPONDE. Estas convicciones y hábitos de solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones estructurales y las vuelven posibles» (Evangelii Gaudium 189)

Viendo este desarrollo, podemos decir que la Solidaridad encuentra su apoyo en la conciencia religiosa y se refuerza en la conciencia natural, TRANSFORMANDO LA FILANTROPÍA EN CARIDAD, es decir, se reviste de dimensiones cristianas de gratuidad total, donde el prójimo no es solo un ser humano con derechos de igualdad y dignidad con todos, sino que es imagen y semejanza de Dios, donde la solidaridad adquiere el adjetivo de cristiana, construyendo comunión fraterna, que mueve a opciones heroicas por los más vulnerables, incluso ayudarlos a ser artífices de su propia elevación, esto será el fundamento de la concordia social, más justa y fraterna (Cfr. Sollicitudo Rei Socialis=SRS 40).

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SOLIDARIDADEsta interdependencia manifiesta que no es justo, que unos estén bien y otros carezcan de lo mínimo para vivir, como san Pablo VI lo denunció en Populorum Progressio. Esto tiene como consecuencia práctica, la necesidad de organizar la estructura social, buscando SANAR CUALQUIER EVIDENCIA DE PECADO SOCIAL, invadido de ganancias injustas, explotación de los vulnerables y sed de poder (Cfr. SRS 37-40).  Por tanto, «LA SOLIDARIDAD ES EN PRIMER LUGAR QUE TODOS SE SIENTAN RESPONSABLES DE TODOS» (CV 38).

En este sentido, la Solidaridad se presenta como una superación de la lógica individualista que explica las relaciones sociales como intercambios. La interdependencia de la que hablábamos al inicio, necesita ser acompañado por aquello que visionaba Pablo VI, el desarrollo solidario de un plan ético-social intenso, para evitar las desigualdades e injusticias con mirada especial en los vulnerables, siendo LA SOLIDARIDAD UN PRINCIPIO SOCIAL ORDENADOR DE LAS INSTITUCIONES FRENTE A LAS ESTRUCTURAS DE PECADO, transformando las estructuras de solidaridad hasta convertirlas en una virtud moral que dirija las relaciones entre los hombres y los pueblos y los grupos sociales (Cfr. Compendio DSI 192-196).

Para concluir quisiera expresar que la solidaridad tiene TRES CRITERIOS PARA LA ACCIÓN POLÍTICA, que señala el Concilio Vaticano II:

El primero, es que deben satisfacer las exigencias de la justicia, no se vaya a ofrecer como don de caridad, lo que es debido por justicia.

El segundo, que se eliminen no solo los efectos, sino las causas estructurales de los males.

El tercero, que se regule la ayuda, de modo que quien la reciba, vaya liberándose, poco a poco, de la dependencia de los demás y lleguen a bastarse por sí mismo

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