La cultura digital, en su esencia más profunda, nace con una pretensión noble: hacer al ser humano más abierto al conocimiento y a las relaciones. En pocos años, hemos sido testigos de cómo la cantidad de información ha crecido exponencialmente mientras el tiempo de acceso se reduce a un solo clic. Sin embargo, para nosotros como Iglesia del Táchira, este fenómeno no es meramente técnico, sino profundamente humano y espiritual.
Entrar en la red es como entrar en una nueva cultura. Para quienes no son “nativos digitales”, el reto es similar al del misionero: observar, aprender y respetar sin juzgar desde prejuicios externos. La red no es un enemigo a vencer, sino un territorio a comprender para poder participar plenamente de él.
El corazón, motor de la tecnología
Frecuentemente escuchamos debates sobre si la tecnología nos aleja o nos acerca. El Papa Francisco, en su mensaje para la 50ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en el 2016, nos dio la clave: “no es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica, sino el corazón del hombre y el uso que da a ella”. Las plataformas digitales pueden ser formas de comunicación plenamente humanas si el uso que les damos brota de una voluntad de encuentro.
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La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer la inclusión y enriquecer a nuestra sociedad tachirense. Es hermoso ver a fieles y comunidades que eligen con cuidado sus palabras para superar incomprensiones y curar memorias heridas.
En la red se puede “acariciar o herir”, se puede entablar una discusión provechosa o ejecutar un linchamiento moral. Por ello, la comunicación digital debe estar impregnada de misericordia, esa proximidad que se hace cargo, consuela, acompaña y celebra.
La brújula de la formación
A lo largo de la historia, los discípulos de Cristo no dudaron en embarcarse hacia lugares lejanos, afrontando peligros desconocidos para llevar el Evangelio. Sabían que el Espíritu Santo les precedía. ¿Por qué, entonces, deberíamos tener miedo de este nuevo espacio de misión? Los peligros existen, ciertamente, pero la respuesta no es la huida, sino la preparación.
El Papa Benedicto XVI ya nos advertía que para navegar estas aguas se requiere un “uso oportuno y competente” de los medios, pero sobre todo, una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad.
No basta con saber usar una red social; es necesario que nuestra presencia en ella esté alimentada por el diálogo constante con el Señor. La formación para la comunicación se convierte así en una clave esencial de nuestra pastoral. Gracias por la Escuela de formación comunicacional que desde la Vicaría Episcopal de Comunicación de esta diócesis, ofrece conocimientos teológicos y técnicos a todos los agentes comunicacionales de esta Iglesia Local.
Comunicación para la comunión
En nuestra Diócesis de San Cristóbal, entendemos que la comunicación no es un accesorio de la pastoral, sino su elemento constante. Todo lo que hacemos en el mundo digital debe tener un fin último: suscitar la comunión. En un mundo fragmentado y polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la cercanía solidaria entre los hijos de Dios.
La red es un don de Dios, pero también una gran responsabilidad. Estamos llamados a habitar esta “plaza digital” no como simples espectadores, sino como testigos de la esperanza, conscientes de que detrás de cada perfil hay un hermano que espera una palabra de vida. Que nuestra presencia en internet sea siempre un reflejo de esa proximidad divina que busca, sana y salva.
Pbro. Jhonny A. Zambrano


