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miércoles, abril 1, 2026
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Los procesos propios de los Encuentros

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Quisiera iniciar utilizando una analogía. El bambú japonés al ser sembrada su semilla, durante siete años apenas pudo crecer y luego en seis semanas crece más de 30 cm y luego en seis semanas más, crece más de 30 metros. Ante este proceso nos podríamos preguntar ¿tardó solo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó 7 años y 6 semanas en desarrollarse.

 Durante los 7 primeros años de aparente inactividad, el bambú está generando un complejo sistema de raíces que le permitirán sostener el crecimiento que tendría después en 6 semanas. Esto llevado a la vida, nos hace pensar que hay personas que, con los años, en vez de envejecer, florecen y dan lo mejor de sí. La clave es vivir la vida como procesos.

Procesos

El pasado va integrándose con el presente y esto revela grandes acontecimientos. El pasado permite integrar y da paso a la admiración del presente, al ver como florece lo formado en la mente y el corazón. Vamos descubriendo nuestra propia historia y vocación, y el sentido que tiene en la voluntad de Dios. Podría decir, que tal magnitud es una gracia, que es difícil de valorar correctamente en tiempo real.

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La capacidad del “Encuentro” no se reduce a lo que presenciamos día a día, por el contrario, la mirada es más amplia, ya que es precisamente los “reencuentros” basados en la disponibilidad y conducción del Espíritu Santo, los que nos producen ese crecimiento y aprendizaje en cada uno de ellos.

Procesos

El pasado va integrándose con el presente y esto revela grandes acontecimientos. El pasado permite integrar y da paso a la admiración del presente, al ver como florece lo formado en la mente y el corazón. Vamos descubriendo nuestra propia historia y vocación, y el sentido que tiene en la voluntad de Dios. Podría decir, que tal magnitud es una gracia, que es difícil de valorar correctamente en tiempo real.

La capacidad del “Encuentro” no se reduce a lo que presenciamos día a día, por el contrario, la mirada es más amplia, ya que es precisamente los “reencuentros” basados en la disponibilidad y conducción del Espíritu Santo, los que nos producen ese crecimiento y aprendizaje en cada uno de ellos.

Nueva melodía

Es necesario colocar nueva música a la experiencia de vida. Es necesario tener una nueva forma de escuchar, de hacer las cosas, de vivir la vida desde el Evangelio, de prestar nuestra atención pastoral y evangelizadora. Para atender las dificultades y logros de las personas, hay que sentarse a escuchar. Hay que escuchar con música distinta, cuando hablo de la música, me refiero a la actitud de escucha, y allí se da un “Encuentro”. La paciencia de escuchar, la claridad de discernir para escuchar, la mirada misericordiosa para escuchar.

No es lo mismo escuchar a un joven, a un enfermo, a un penitente, a un inmigrante. Es necesario tener una música distinta, para crear melodía con cada uno de ellos. Es centrar todo en Jesús, buscar escuchar como él. Los eventos narrados en el Evangelio nos dan tantos ejemplos para poder meditar y acreditar nuestra forma de encontrarnos. Es vivir el Kairos, el tiempo de Dios en nuestra historia.

La vida

Es importante poder recorrer la vida con el sentido pleno de haber buscado “Encuentros” en vez de desencuentros, siendo instrumentos para que otros escuchen una nueva música y de esta manera nosotros mismos, podamos valorar esa melodía que nos dinamiza interiormente, impulsándonos a ser hombres y mujeres de “Encuentros” desde la polifonía que nos ofrece la vida. Toda diversidad nos enriquece, solo hay que saber integrar.

 Pbro. Jhonny Zambrano

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