Entre las formas y posibilidades en que los laicos participan y sirven en las ceremonias litúrgicas, se conoce históricamente en la Iglesia Católica la figura de los monaguillos: niños, niñas y adolescentes que ayudan al sacerdote o al diácono en el altar durante la misa u otras celebraciones.
El presbítero Edgar Gregorio Sánchez, párroco de la iglesia María Auxiliadora de Cordero, municipio Andrés Bello, conversó con Diario Católico sobre este servicio y lo que significa para la vida de la Iglesia. Comenzó explicando el origen del nombre y objetivos.
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“Tendríamos que remontarnos al significado de la palabra monaguillo, la cual proviene del latín monacus que significa monje, y del sufijo illo que significa pequeño. Entonces, monaguillo significa pequeño monje. Así se llamaban en el medioevo a los que ayudaban a los monjes en sus monasterios”.
Señala que posteriormente, en el renacimiento, se dio ese nombre sólo a los niños y muchachos que ayudaban a los religiosos y sacerdotes en las celebraciones litúrgicas. Las tareas principales de los monaguillos son llevar la cruz procesional y los cirios, el incensario, preparar el altar, tocar las campanillas, para lo cual reciben su respectiva formación.
Un apostolado
El Padre Sánchez manifiesta que la función de monaguillo es una obra de apostolado que tiene dos aspectos importantes para la vida cristiana: primero, que ellos se formen y crezcan en la fe; segundo, con su ejemplo de servicio atraen a sus contemporáneos a la fe.
“Si en la catequesis los muchachos por lo general son introducidos en «la verdad de la fe creída»; en el apostolado de los monaguillos, ellos son introducidos en «la belleza de la fe celebrada». En este punto, el párroco de la iglesia María Auxiliadora de Cordero menciona la necesidad de que la catequesis tuviera una etapa práctica en liturgia, pues considera que “sería lo que en los primeros siglos del cristianismo los Padres de Iglesia llamaban «catequesis mistagógica», de «la fe creída» a «la fe celebrada».

En la instrucción Redemptoris Sacramentum, publicada el 23 de abril de 2004 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con la aprobación del Papa Juan Pablo II, en el numeral 47, menciona la función de los monaguillos y deja por escrito que históricamente ha sido una fuente de vocación a la vida sacerdotal. También este numeral ampara la participación de niñas y mujeres en el ministerio.
“Es muy loable que se conserve la benemérita costumbre de que niños o jóvenes, denominados normalmente monaguillos, estén presentes y realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. No se puede olvidar que del conjunto de estos niños, a lo largo de los siglos, ha surgido un número considerable de ministros sagrados. Institúyanse y promuévanse asociaciones para ellos, en las que también participen y colaboren los padres, y con las cuales se proporcione a los monaguillos una atención pastoral eficaz. (…) A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano y observando las normas establecidas”.
Acota el presbítero Sánchez que muchos papas, cardenales, obispos y sacerdotes fueron monaguillos. De esta forma, expone la pertinencia de promover de manera sistemática la preparación de los niños y niñas que sirven en el altar.
“Creo que una escuela de monaguillos, llevada como Dios y la Iglesia quieren, es un germinador de vocaciones al sacerdocio. Participar en una escuela parroquial de monaguillos, ayudará a que los muchachos sean buenos cristianos. Será también una escuela de servicio y de liderazgo para las nuevas generaciones”.
Monaguillos y monaguillas
Sobre la participación de las niñas en el servicio al altar, el padre Sánchez acota dos razones adicionales al permiso que se otorga en el documento oficial de la Iglesia.
“Hoy día es posible que las niñas y muchachas puedan participar de este apostolado. Y comparto algunas razones. Primera: porque ejercer de monaguillo o de monaguilla nace de la condición de ser bautizado o bautizada. Ese sería el requisito principal.
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Segunda: porque ejercer de monaguillo o de monaguilla en la celebración litúrgica, es cuestión de «disciplina eclesiástica», y no de «doctrina eclesial». La doctrina es perenne, es algo de derecho divino; mientras la disciplina puede cambiar, como en efecto han cambiado tantas cosas a lo largo de 2000 años de cristianismo. En nuestro caso (Diócesis de San Cristóbal), se ha establecido más «de hecho» que «de derecho». Nuestros últimos Obispos han permitido de hecho y han bendecido a monaguillos y monaguillas para el servicio del altar”.
Testimonio y promotor
El párroco de Maria Auxiliadora, ofrece su testimonio: él también fue monaguillo en su tierra natal, Queniquea (municipio Sucre). Y siendo Seminarista de Teología, en 1995, organizó uno de los primeros Encuentros Diocesanos de Monaguillos. Luego, durante su ministerio sacerdotal ha promovido y rescatado este servicio donde ha trabajado: San Josecito, la Basílica de La Grita, la Basílica de Táriba, La Concordia y ahora en Cordero.
“Aquí en Cordero se retomó este apostolado no más llegué. En diciembre del 2025 se inició un ciclo de formación. Y en mayo de 2026 recibieron la primera institución. Por ahora tenemos 19 monaguillos entre niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Van de la edad de 5 años, como Mateo, hasta los 15 años, como Luis”.
Comenta que hay una coordinadora general adulta y se cuenta en todo momento con la participación y la colaboración de los padres y representantes. “Y todos ellos trabajan en comunión con el Párroco, y el Párroco en comunión con ellos. Una buena noticia que tenemos, es que ya hay un buen número de candidatos y candidatas que quieren ser monaguillos en nuestra Parroquia”.
Para la gloria de Dios
Joncleiver Peña Mosquera es monaguillo en la parroquia San Juan Eudes de El Palmar de La Copé, municipio Torbes, participa con cerca de 20 jóvenes más de esa comunidad. Narra que presta este servicio desde hace dos años. Cuando comenzó el catecismo, le motivó ver a los niños que servían en el altar. Habló con la coordinadora y le dieron la oportunidad de participar. Asiste también al grupo juvenil, de guitarra y de recreación.
“Nosotros no servimos para que nos vean, ni para que nos den regalos, servimos para la gloria y gracia de Nuestro Señor Jesucristo, llevamos objetos bendecidos. Yo le digo a todos los jóvenes que si sienten el deseo de servir no lo dejen pasar, porque es una experiencia maravillosa. Se lo recomiendo a todos”.
Santos patronos de los monaguillos
San Tarcisio (siglo III):
Era un ayudante de los sacerdotes en Roma. Después de participar en una misa en las Catacumbas de San Calixto fue encargado dellevar la comunión a los cristianos que estaban en la cárcel. Por la calle lo atacaron ferozmente para robarle la Eucaristía. Un soldado cristiano alejó a los atacantes, pero Tarcisio estaba muy herido. Murió contento de haber podido dar su vida por defender las sagradas formas donde está el cuerpo y la sangre de Cristo. Memoria litúrgica: 15 de agosto.
07U4Santo Domingo Savio: (1842-1857):
Fue alumno de San Juan Bosco, aprendió a ayudar en el altar desde los cinco años. A los siete recibió la Primera Comunión. Se propuso confesarse y comulgar frecuentemente. Acuñó la frase “Antes morir que pecar”. Destacó por su alegría y servicio a los niños del oratorio. Memoria litúrgica: 6 de mayo.
Ana Leticia Zambrano


