En su homilía durante la Misa conmemorativa del vigésimo aniversario de la muerte del Pontífice polaco, celebrada en la Basílica de San Pedro, el cardenal secretario de Estado recordó su “apasionado amor a Cristo” y su «incansable servicio a la paz» con llamamientos y advertencias, muchos de los cuales «lamentablemente no fueron escuchados, como sucede también con los grandes profetas». Saludo del cardenal Dziwisz: El Papa Francisco se unió espiritualmente a nosotros.
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Enamorado de Jesucristo, san Juan Pablo II “consideró el misterio de la Encarnación como el centro de la historia universal”, tanto que exclamó en la primera homilía de su pontificado: “¡Abran de par en par las puertas a Cristo!… Sólo Cristo sabe lo que hay en el hombre”. Y esta sólida convicción le permitió dirigirse no sólo a los fieles católicos, sino también a los pueblos y a los gobiernos, «para que fueran conscientes de sus responsabilidades en la defensa de la justicia, de la dignidad de la persona humana, de la paz».
Parolin recordó uno de los rasgos principales de su enseñanza: ser profeta de paz.
“Recordamos su incansable servicio a la paz, sus apasionadas exhortaciones, sus iniciativas diplomáticas para intentar hasta el final evitar las guerras”.
“Y así hasta los momentos finales de su vida, cuando ya era evidente la fragilidad de sus fuerzas físicas, y aunque muchos de sus llamados y advertencias desgraciadamente quedaron sin escuchar, como sucede incluso con los grandes profetas”.
Su abrazo amoroso al mundo entero
Por este testimonio sólido y vivo, continúa el cardenal, podemos hoy dirigirnos a él como intercesor para recibir “la gracia divina que hoy necesitamos”.
“Gracia para el camino de la Iglesia, gracia para la salvación de todos los seres humanos. Gracia para reconstruir continuamente la paz en las naciones y entre ellas, de modo que vuelva a tener sentido hablar de ‘familia de pueblos’, como lo hizo aquel santo Pontífice abrazando en el amor al mundo entero”.
Vía Vatican News