El 12 de abril, la parroquia San Vicente Ferrer, en el municipio estado Táchira, celebró su fiesta patronal, como una oportunidad de recordar la historia y enseñanzas del santo patrono de San Vicente de la Revancha.
En el estado Táchira, la localidad agrícola de San Vicente de La Revancha, municipio Junín, encomendó como su santo patrono a San Vicente Ferrer, y desde el año 1944, fecha en que el entonces obispo de San Cristóbal, monseñor Rafael Arías Blanco, autorizó la creación de la parroquia, la comunidad se ha abocado a contribuir a la construcción y al cuidado de la misma.
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A pesar de que la fecha de la celebración oficial es el 5 de abril, fecha de la muerte del santo, monseñor Mario Moronta decretó que, dado que coincide cada cierto tiempo con las fechas de pasión y Semana Santa, una disposición especial permite que cuando eso ocurra, se traslade la celebración al domingo siguiente del domingo de gloria, este año pautado para el 12 de abril.
De la mano del presbítero Jefferson Márquez, San Vicente de La Revancha y sus ciudadanos celebrarán con algarabía sus fiestas patronales para honrar y recordar las enseñanzas del santo dominico a quien le encomendó su protección e incluso le debe su nombre, pues en el siglo XIX fue fundado inicialmente bajo el nombre La Revancha, lo cual fue cambiado con la llegada de las imágenes de San Vicente Ferrer.

Desde el 11 de abril, la fiesta patronal arranca con música y actos culturales en las instituciones educativas de la localidad, para dar lugar el domingo 12 de abril a las 11 AM a la misa solemne en honor al santo, donde todo lo recaudado en las vendimias y actividades será destinado al arreglo y mantenimiento del templo.
¿Quién fue San Vicente Ferrer?
Conocido por ser un gran predicador dominico, Vicente Ferrer (Vincent Ferrer en su idioma natal, el valenciano) nació el 23 de enero del año 1350 en Valencia, actual España. Dedicó su vida al evangelio, a renovar a las personas e instituciones para conseguir una sociedad más cristiana, inclusive, formó parte de gestas diplomáticas que contribuyeron a la paz y la Iglesia.
Desde su infancia ya se pensaba que sería un gran clérigo de la época, pues se dice que antes de nacer, su padre, Guillem Ferrer, soñó que un padre dominico lo felicitó, pues su hijo sería un religioso de renombre en comunidades de España y Francia, que podría ser incluso tan venerado como los primeros apóstoles.

Entre las primeras historias que configuran su imagen, se cuenta que, iniciándose como diácono, fue enviado a predicar a Barcelona durante un aparatoso periodo de hambrunas, cuando durante un sermón Ferrer dijo que esa misma noche llegarían dos barcos de comida al puerto, a lo cual sus superiores le advirtieron que se abstuviera de hacer dichos anuncios. Sin embargo, antes de caer la noche, llegaron al puerto dos barcos cargados de trigo para socorrer a los habitantes de la ciudad.
Labor por la paz
Los últimos años del siglo XIV y los inicios del siglo XV fueron convulsos en la península ibérica, pues se avisaba una guerra civil en el reino de Aragón por la muerte de Martín I, quien no tuvo hijos ni herederos. San Vicente Ferrer entonces formó parte del Compromiso de Caspe (1412), un esfuerzo diplomático y político que supuso una sucesión pacífica de la corona de Aragón al rey Fernando I.
Por otra parte, las divisiones políticas de la época habían dado lugar al Cisma de Occidente, llegando a haber hasta 3 papas al mismo tiempo (Juan XXIII, Gregorio XII y Benedicto XIII), pero la intervención de Ferrer en la renuncia del papa Benedicto XIII, de quien habría sido confesor, lo cual permitió fortalecer la unidad de la Iglesia católica como una sola entidad.
“El ángel del juicio”
Se reconoce a San Vicente Ferrer como “El ángel del juicio” debido al enfoque de su predicación en el juicio final, algo que algunos le atribuyen al momento histórico que le tocó vivir y a su visión de los versículos de la Biblia, citando recurrentemente el capítulo 14 del libro del Apocalipsis, versículo 7: “Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio”.
Sin embargo, el enfoque de sus palabras no era el miedo al juicio final, sino el llamado a vivir bajo la ética y los valores de la fe católica, un llamado a la conversión en un momento de conflictos políticos y morales.
Muerte y canonización
Los últimos 20 años de su vida, San Vicente Ferrer se dedicó a predicar el evangelio a lo largo de Europa, mayormente al aire libre, pues en muchas ocasiones las iglesias no daban abasto para toda la multitud que se reunía a escuchar sus palabras, pues también se dice que, sin importar si no hablaban el mismo idioma, poseía el “don de lenguas” y personas de distintas nacionalidades afirmaban entenderle.
También se le atribuyen hasta 800 milagros, razón por la cual es venerado en varias localidades del mundo, pues testimonios afirman que sus oraciones podían sanar enfermedades incurables y liberar a las personas de aflicciones mentales, reforzando entre los feligreses la fe en Dios y su figura como autoridad espiritual.
San Vicente Ferrer fallece el 5 de abril de 1419 en la ciudad de Vannes, Francia, y fue canonizado por el papa Calixto III, a quien el mismo Ferrer le había dicho: “Serás papa y me canonizarás”, hecho que ocurrió en el 1455, y registró cientos de milagros de sanación, así como su carácter bondadoso y afable.
Destacado también en el campo académico, Ferrer plasmó sus enseñanzas en el libro “Tratado de vida espiritual”, donde resalta el valor de la oración, del silencio, la comprensión de los defectos propios y ajenos, e incluso el valor de la penitencia y la perseverancia.
Gabriel Ángel Murillo
Pasante UBA


