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PEDIR Y DAR EN NAVIDAD

Nuevamente nos encontramos para celebrar la Santa Navidad. Es una celebración de Navidad no como las otras, ya que es diferente y tal vez más en sintonía con lo que Dios quiere de nosotros. Durante estos días hemos podido experimentar con algunas actividades y celebraciones, la cercanía al Pueblo de Dios, la necesidad que tiene de sentir su Palabra y encontrar respuesta a lo que cada uno de nosotros pueda cuestionar.

Se han visitado lugares, donde la condición social es difícil, dura -como se suele decir-, se han verificado situaciones en las que la crisis se ha hecho presente de una manera más evidente ante la mirada impotente de muchos de nosotros. Hemos vivido de una manera muy particular la Novena y las Misas de Aguinaldo, contando -como siempre- con la participación de los fieles, colocando en el Niño Dios la esperanza, la ilusión y el deseo para todos de estar bien

En nuestras casas se ha hecho el pesebre, se ha adornado, en la medida de las posibilidades, con el árbol y algunas cosas más. Con todo ello, en medio de la esperanza que no debe acabarse, sentimos más el peso de la crisis moral y de otra índole, que tanto hemos denunciado, que seguimos viviendo en el día a día y que aún pareciera no saber cómo canalizar, ante la indiferencia de todos aquellos que tienen la posibilidad de ayudar a encontrar soluciones justas a este pueblo que sufre.

La situación del país, la situación familiar y personal de todos nosotros tiene una mirada común: el pesebre y más concretamente el Niño Jesús, hoy representado en tantos hermanos nuestros que sufren el peso de este momento histórico que estamos viviendo. Dios nos indica el camino, anunciando el nacimiento de Cristo a los más sencillos y humildes de corazón, y hoy, en nuestros Templos y en medio del Pueblo de Dios, deseamos que ese anuncio se materialice en la inclusión de todos aquellos que son alejados por las condiciones en las que viven o las situaciones que tienen.

 

¿QUÉ PEDIMOS AL NIÑO JESÚS EN ESTA NAVIDAD Y LOS TIEMPOS QUE SIGUEN?

 Pedimos al niño Jesús poder encontrar la manera de ser mejores ciudadanos, mejores cristianos, mejores en todo.

Pedimos al niño Jesús que cada uno de nosotros seamos capaces de salir de la indiferencia a la que lamentablemente hemos llegado.

Pedimos al niño Jesús ser fieles a la Palabra de Dios, constantes en la oración y cercanos con el prójimo.

Pedimos al niño Jesús poder recibir el mensaje de su presencia con la humildad de los pastores, con la entrega y la capacidad de búsqueda de los Magos; con el amor de José y María.

Pedimos al niño Jesús seguir luchando con esperanza, trabajando con ilusión, vivir con pasión por nuestro país, recordando siempre que está en nuestras manos el crecimiento real de un país sumido en una crisis moral que solo confiando en Dios y actuando como discípulos de Jesús, podremos ayudar a mejorar.

Pedimos al niño Jesús no desfallecer, no cubrir con velos aparentes de soluciones aquellas situaciones que necesitan y requieren ser resueltas. La Navidad se vive cada día en el corazón y la mente de cada hombre y cada mujer.

Pedimos al niño Jesús nos haga recapacitar y volver nuestra mirada a Dios y encontrar el camino de la paz, de la unidad, de la misericordia y del amor en medio de los pobres y excluidos de la sociedad.

 

¿QUÉ PODEMOS DAR?

Podemos dar “felicitaciones de Navidad”, esperanzadoras para muchos, incómodas para otros, al reflexionar seriamente sobre la situación que vivimos cada día.

Podemos dar los mejores regalos: la paz y el amor.

Podemos dar una sonrisa al que está triste.

Podemos dar una mano amiga a quien nos busca y a quien está a nuestro lado.

Podemos dar esperanza e ilusión ante el desfallecimiento de aquellos que siguen buscando mejores condiciones de vida.

Podemos dar lo mejor de cada quien, para que lo que se presenta como una oscuridad (que muchos se obstinan en no ver) se convierta en la luz y la esperanza de un pueblo que camina de la mano con Dios.

 

María Santísima y San José, quienes han sufrido la incomodidad; quienes han tocado puertas, corazones, sentimientos sin encontrar una respuesta clara, descansan con su niño en medio de animales y en una pesebrera. Ese lugar, tal vez no el más indicado para el nacimiento del Hijo de Dios, se convierte en el Templo de la ternura, la dulzura y en camino de perfección.

No hay una clínica, no hay un sitio digno para Dios, no hay pólvora, no hay grandes cenas, celebraciones materiales que demuestran el desvivirse de aquellos que prefieren callar y tapar lo evidente con regalos materiales y fiestas “navideñas”. Los ojos heridos de José y María, el cansancio acumulado, los constantes NO que tuvieron que escuchar, se convierten hoy en ese SI inicial con el cual María comenzó esta hermosa historia.

Los ángeles que anuncian la paz, traen hoy también mensajes particulares a quienes callan, a quienes en silencio se convierten en cómplices de aquello que denigra la dignidad de la persona, y son protagonistas de la injusticia que cada día envuelve lo cotidiano.

Los pastores que corren hacia Belén, nos enseñan que también nosotros debemos escuchar la palabra de Dios y correr hacia Jesús, el Mesías, y no hacia lo que nos conviene materialmente, hacia aquello que no lleva a una verdadera vida,

La Sagrada Familia representa hoy quienes han recibido los gestos generosos y bondadosos de quienes en el silencio de la caridad, haciendo de este periodo el más grande de los regalos: esperanza, paz, amor, misericordia y justicia. Hoy la indiferencia y la oscuridad se disipan y llega la gran luz, Jesucristo Nuestro Señor, que ilumina nuestra vida y nos conduce por caminos de Fe y de Caridad.

¡Feliz y Santa Navidad para todos¡ Que nuestro mundo no muera sino que crezca la esperanza y renazca en cada uno de nosotros el amor que viene de Dios.

 

José Lucio León Duque

Sacerdote de la Diócesis de San Cristóbal

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