31.9 C
Venezuela
domingo, abril 5, 2026
HomeActualidadSan Antonio María de Claret

San Antonio María de Claret

Date:

NOTAS RELACIONADAS

Viernes Santo: El silencio que habla de amor en la Catedral

Jesús experimenta el silencio de Dios para que nosotros nunca nos sintamos solos. Es el grito de quien sufre la soledad o el desánimo. Monseñor nos recordó que “en el abismo del sufrimiento, Dios sigue presente como Padre”, abrazando nuestras propias angustias

Inician el Triduo Pascual monseñor Lisandro Rivas preside la cena del Señor en la Catedral

"Esta Eucaristía quiere sumergir a nuestra ciudad episcopal en la fuente de verdadera vida: Dios, quien nos acompaña siempre"

Monseñor Juan Ayala preside la cena del Señor en San Antonio del Táchira

“La vida tiene su principio y su fin; la mejor forma de vivirla es entregarle nuestro tiempo a Dios”

Un gesto de amor en la periferia: monseñor Lisandro Rivas con los jóvenes del centro de rehabilitación

"Nadie está tan lejos que el amor de Dios no pueda alcanzarlo. El lavatorio de los pies es la invitación a levantarse y volver a empezar bajo la mirada del Maestro"

Miércoles Santo: Permanecer en la vid para dar frutos de amor

Acompañado por el vicario parroquial Pbro. Henry Escalante, nuestro Pastor nos invitó a sumergirnos en el capítulo 15 de San Juan: "Yo soy la vid, ustedes los sarmientos"
spot_imgspot_img

Quinto de diez hijos de un modesto tejedor de Cataluña, Antonio Claret y Clara nació en Sallent, en la diócesis española Vic, en 1807. Este excepcional hombre de acción, en su juventud, se sentía atraído hacia la vida contemplativa y hubiera querido hacerse cartujo; pero un sacerdote, que intuyó sus grandes cualidades misioneras, lo desaconsejó. A los 22 años entró al seminario de Vic, y se ordenó a los 28 años. Inmediatamente lo nombraron coadjutor de su pueblo natal. Estuvo poco tiempo. Para seguir su vocación misionera, fue a Roma y se puso a disposición de “Propaganda Fide”.

Esta elección no pareció adivinada y, entonces, entró al noviciado de los jesuitas, que tuvo que interrumpir por una enfermedad. Regresó a España y fue misionero en su propio país, dedicándose a la evangelización de las zonas rurales. Se sirvió de un medio que con el tiempo sería muy eficaz: la prensa. Era un sacerdote incómodo y lo demuestra la serie de atentados de que fue víctima. De regreso a Vic, puso manos a la más importante de sus obras: la fundación de una Congregación misionera intitulada al Corazón Inmaculado de María (cuyos miembros se conocen todavía con el nombre de claretianos). Era el 1849.

Lee también: Advierten desbordamiento de quebrada El Rayo en Cárdenas

Poco después fue elegido arzobispo de Santiago de Cuba, en ese tiempo bajo el dominio español, y cuya sede estaba vacante desde hacía catorce años. El nuevo obispo adoptó en la isla del Caribe sus originales métodos de apostolado: infatigable viajero, hizo sentir en todas partes su presencia con la palabra y con los escritos: una bienhechora lluvia de escritos empapó la isla. Para los analfabetos estaba la palabra oral y la imagen de la Virgen. Administró la Confirmación a trescientos mil cristianos y arregló más de treinta mil matrimonios. Activo y práctico, se preocupó también por la promoción humana y civil, fundando una escuela agraria y escribiendo él mismo pequeños tratados sobre el cultivo de la tierra.

Le puede interesar: Francisco se reúne con Macron: 55 minutos con la paz como protagonista

Un segundo atentado, más grave, puso en serio peligro su vida y entonces fue llamado a España en 1857, porque la reina quiso tenerlo como confesor. El dinámico obispo no se adaptó muy bien a la vida de la corte y empleaba su tiempo dedicando su ministerio sacerdotal en varias parroquias. En 1867 tuvo que seguir a la familia real que había sido desterrada a Francia debido a la revolución. Tenía gran simpatía por los artistas y hasta fundó una academia bajo el título de San Miguel. Murió a los 63 años, el 24 de octubre de 1870 en Frontfroide (Francia). Pío XII lo canonizó durante el año Santo de 1950.

Con información del libro un santo para cada día de Mario Sgarbossa y Luis Giovannini 

NOTAS RELACIONADAS

Viernes Santo: El silencio que habla de amor en la Catedral

Jesús experimenta el silencio de Dios para que nosotros nunca nos sintamos solos. Es el grito de quien sufre la soledad o el desánimo. Monseñor nos recordó que “en el abismo del sufrimiento, Dios sigue presente como Padre”, abrazando nuestras propias angustias

Inician el Triduo Pascual monseñor Lisandro Rivas preside la cena del Señor en la Catedral

"Esta Eucaristía quiere sumergir a nuestra ciudad episcopal en la fuente de verdadera vida: Dios, quien nos acompaña siempre"

Monseñor Juan Ayala preside la cena del Señor en San Antonio del Táchira

“La vida tiene su principio y su fin; la mejor forma de vivirla es entregarle nuestro tiempo a Dios”

Un gesto de amor en la periferia: monseñor Lisandro Rivas con los jóvenes del centro de rehabilitación

"Nadie está tan lejos que el amor de Dios no pueda alcanzarlo. El lavatorio de los pies es la invitación a levantarse y volver a empezar bajo la mirada del Maestro"

Miércoles Santo: Permanecer en la vid para dar frutos de amor

Acompañado por el vicario parroquial Pbro. Henry Escalante, nuestro Pastor nos invitó a sumergirnos en el capítulo 15 de San Juan: "Yo soy la vid, ustedes los sarmientos"

DC.RADIO

RECIENTES

spot_img

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here