San Francisco de Paula nació en el año 1416 en la localidad de Paula, de la Calabria, en Italia. Desde temprana edad su motivación estuvo encaminada a una búsqueda incesante y humilde de las enseñanzas de Dios. De allí que su vida se reducía a la austeridad y la constante oración como prueba inefable de su compromiso y entrega.
“A la edad de trece años, decidió consagrar su vida totalmente a Dios, alejándose del mundo para vivir en soledad y penitencia. Se retiró a una cueva cercana a su hogar donde comenzó una vida de oración intensa y sacrificios, confiando siempre en la misericordia y el amor infinito de Dios”.
Su determinación fue acompañada por la fe infinita que emanaba de su espíritu. Su alimentación consistía en hierbas salvajes y agua. Su aposento no era más que el suelo y las piedras de esa cueva que había tomado como lugar de estancia y de reencuentro.
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Al cabo de cinco años, un grupo de hombres se unió a su propósito el cual consistía en abandonar la vida licenciosa y buscar un resquicio de amor, tranquilidad, paz y encuentro con Dios que el santo a través de su ejemplo había mostrado a sus semejantes.
“Francisco tuvo que fundar varias casas para sus religiosos y, en todos sus conventos puso una consigna o ley que había que cumplir siempre. Decía así: «Cuaresma perpetua». Esto quiere decir que en la alimentación se debían hacer las mortificaciones que antiguamente se hacían en cuaresma con el fin de fortificar la voluntad”.
El santo fundó la Orden de los Mínimos, comunidad religiosa cuyo objetivo estaba centrado en la humildad, la penitencia y la caridad, un recordatorio diario para imitar y acercarse a la vida de pobreza y entrega total que vivió Jesús.
“Esta orden se caracteriza por la práctica de cuatro votos: pobreza, castidad, obediencia y un cuarto voto especial que incluye la abstinencia de carne, símbolo de su espíritu de sacrificio y entrega”.

A través del Espíritu Santo, el santo tuvo el don de hacer milagros, curaciones y una capacidad distinguida para hacer profecías, estas bendiciones lo acompañaron a lo largo de su trabajo religioso de conversión y ayuda en nombre del Señor.
Murió el 2 de abril de 1507 y quienes lo seguían y a quienes ayudó durante su vida comenzaron a proclamarlo como santo, una aclamación que hizo que los milagros comenzarán a multiplicarse. Doce años después de su muerte, fue proclamado santo por el Sumo Pontífice León X, en 1519.
Oración
Sol luminoso de caridad y verdadero Padre de los pobres, glorioso san Francisco de Paula, como pobre y necesitado de salvación recurro a ti para que me alcances del Señor una fe viva, una esperanza firme, una caridad ardiente y una paciencia inalterable en las pruebas y contrariedades de la vida.
Tú, que de un modo vivo y completo reflejaste la imagen de nuestro divino Redentor, ayúdame a modelar mi vida según el ejemplo y enseñanzas de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
Dame tu ayuda poderosa en toda dificultad material o espiritual e intercede por mí para que, caminando santamente durante esta peregrinación terrena, pueda resolver satisfactoriamente las dificultades que me afligen.
(Aquí se hace la petición personal).
Oh, santo de la caridad, que con tanto amor socorres a los necesitados, te suplico que me des fuerza para superar los obstáculos y alcances del Señor lo que con esperanza solicito.
Por los méritos infinitos de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Carlos A. Ramírez B.


