Isidro de Merlo y Quintana, fue un labrador que nació el cuatro de abril de 1082, en Madrid, España. Sus padres Pedro e Inés eran trabajadores del campo, una familia de escasos recursos económicos que no podía costear una matrícula en la escuela, sin embargo, guiaron a sus hijos hacía el temor de Dios y el amor hacía el prójimo.
Quedó huérfano a los 10 años, y comenzó a trabajar como peón de campo, cultivando y cosechando, con el agricultor Don Juan Vargas, en una finca cerca de Madrid.
Luego de varios años trabajando, se casó con una sencilla campesina, llamada Santa María de la Cabeza. Cada día, se levantaba desde muy temprano para asistir a la Santa Misa.
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Sus compañeros, al notar que Isidro madrugaba para oír misa, fueron hacía Vargas, para acusarlo de no cumplir las actividades de campo, puesto que, su jornada laboral comenzaba a las seis de la mañana. Entonces, ocurrió el primer milagro, un ángel conducía el arado, mientras él asistía al templo, permitiendo que su labor fuera más productiva que la de sus compañeros.
Más adelante, los mahometanos, se adueñaron de Madrid y sus alrededores, por tanto, las personas religiosas tuvieron que emigrar e Isidro fue uno de ellos. Por un período de tiempo, le fue imposible conseguir empleo, no obstante, se mantenía firme en su fe y confianza en el texto bíblico: “No temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo donde quiera que vayas”, Josué 1:09.

Inicio en el ministerio
Logró conseguir trabajo como jornalero, y el sueldo, lo distribuía en tres partes: para la Iglesia, ayuda a los pobres y su familia, la cual, ya se había convertido en tres miembros con la llegada de su hijo.
Cada domingo, asistían a misa, escuchaban la palabra de Dios, rezaban y compartían tiempo en familia. En cierta ocasión, su hijo estaba jugando alrededor de un pozo profundo de agua, en cuestiones de segundos, cayó en la canasta al pozo, sus padres al mirar esta situación hicieron lo imposible para rescatarlo, pero no pudieron sacarlo, empezaron a clamar a Dios de rodillas y el agua comenzó a subir, y el niño llegó a la superficie sano y salvo.
Muerte y legado
En el año 1130, con pocas fuerzas de vida, se confesó y recomendó a sus familiares y amigos que se consagraran a Dios y la ayuda al prójimo, de esta forma murió.
43 años después de su muerte, sacaron su cadáver se halló incorrupto, lo que el pueblo consideró un milagro.
El rey Felipe III, estaba severamente enfermo y los médicos solo esperaban su muerte, sin embargo, cuando pasó cerca del cuerpo de Isidro, se curó repentinamente.

En consecuencia, el rey intercedió ante el Sumo Pontífice para honrar como un santo al labrador, por los milagros que presentó en vida y después de muerto. El Papa lo canonizó en el año 1622 junto con Santa Teresa, con el nombre de San Isidro Labrador.
Cada año en la parroquia San Isidro labrador, en Orope, municipio García de Hevia del estado Táchira se lleva a cabo la eucaristía en nombre del trabajador de campo, que dedicó su vida al servicio a Dios y ayuda al prójimo.
Asly Perucho
Pasante UBA


