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SAN PABLO VI: HACIA UN DESARROLLO SOLIDARIO E INTEGRAL

Fe creída, Fe vivida

 

Pasados 16 meses de la Gaudium et Spes (GS), san Pablo VI escribe la Carta Encíclica Popolorum Progressio (PP – 26 marzo 1967) que buscaba presentar la necesidad de promover el DESARROLLO DE LOS PUEBLOS.

Es una encíclica que no conmemora la RN, sino que es un comentario a un aspecto de la GS: EL DESARROLLO. La razón de ser y el punto de partida ya no es la cuestión obrera sino LA NUEVA CUESTIÓN SOCIAL, de amplitud mundial, derivada de la aspiración de todos los pueblos a un desarrollo equilibrado y justo y la realidad del enorme desnivel existente entre la situación económica opulenta del llamado Primer Mundo y la mísera del Tercer Mundo.

Los viajes realizados por san Pablo VI, antes y durante su Pontificado, a América Latina y África le permitieron vivir la experiencia de los pobres y conocer el drama del subdesarrollo. Comparando las diferencias existentes en 1900 y 1970 se podía comprender que el desarrollo de los países subdesarrollados era la tarea más urgente en el ámbito social.

Entre OTRAS REALIDADES se encontraban la explosión demográfica del Tercer Mundo, la mayor conciencia del problema gracias a la facilidad de comunicaciones y el análisis del desarrollo y del comercio internacional que lleva a la conclusión de que mientras los pueblos pobres exportan materias primas y productos agrícolas baratos e importan tecnología costosa, la distancia entre ellos y los países desarrollados se hará siempre más grande.

San Pablo VI envió ejemplares de PP a la ONU, UNESCO, FAO, a la Comisión Juxtitia et Pax y Cáritas Internacional. Quería así subrayar el carácter de Manifiesto para la acción solidaria mundial que tenia la PP.

Esta Enciclica en su PREÁMBULO (1-5) afirma que la Iglesia sigue con atención el desarrollo de todos los pueblos, de los más necesitados que ha asumido dimensión mundial. San Pablo VI fue el abogado de los pueblos pobres ante la ONU.

La primera parte presenta EL DESARROLLO INTEGRAL DEL HOMBRE (6-42). Entre los DATOS DEL PROBLEMA tenemos que los pueblos deseaban además de la independencia política, la independencia económica. Las potencias coloniales habían practicado una política egoísta de graves consecuencias, sin olvidar las aportaciones positivas realizadas. La economía moderna agrandaba la disparidad de los pueblos. El dilema era: conservar la tradición renunciando al progreso, o abrirse a lo nuevo repudiando lo antiguo. La tentación de derivar hacia los mesianismos o resbalar en ideologías totalitarias.

Al hablar de LA IGLESIA Y EL DESARROLLO, dice que siempre ha promovido la elevación de los pueblos. La Iglesia no se identifica con comunidad política alguna, busca ayudar al desarrollo pleno de los pueblos, ofreciendo la visión completa del hombre y de la humanidad. El desarrollo tiene que ser completo: de todo el hombre y de todos los hombres.

Este desarrollo personal es obligatorio, resume todos los deberes del hombre que lo llevará a un crecimiento comunitario que exige el respeto a la escala objetiva de los valores. Poseer es necesario, pero no es el fin último del hombre, ya que la avaricia es obstáculo para el desarrollo. El desarrollo necesita técnicos, pero, sobre todo, pensadores profundos que alumbren un humanismo nuevo.

Ante esto se debe EMPRENDER: La tierra entera es para el hombre, él tiene derecho a encontrar en ella cuanto necesita para su subsistencia y su progreso. Todos los derechos están subordinados a éste. La propiedad privada no es un derecho incondicional y absoluto. En caso de conflicto el poder público tiene que intervenir. El bien común exige la expropiación cuando la propiedad privada obstaculice la prosperidad colectiva. Es inadmisible la transferencia de capitales al extranjero por puro provecho personal.

Recuerda que EL TRABAJO es actividad querida y bendecida por Dios, perfecciona la creación ya que, todo trabajador tiene algo de creador. El trabajo suscita la fraternidad. Pero hay situaciones de injusticia que claman al cielo. Es grande la tentación de eliminarlas por la violencia. La revolución, salvo en casos límites, no soluciona el problema, lo empeora.

Para ello, LA PLANIFICACIÓN era necesaria, la sola iniciativa individual no bastaba. Había que huir de la colectivización total y de la planificación arbitraria. La razón de ser de todo plan de desarrollo es la persona humana. Incluye el progreso social y el económico. Es el hombre el que tiene que dar sentido y orientación a la economía y a la técnica.

Frente al PROBLEMA DEMOGRÁFICO, el primer objetivo para un plan de desarrollo era la educación básica. La familia natural y estable debe mantenerse como punto de convergencia de las generaciones y de armonía entre persona y sociedad. Las organizaciones profesionales ayudan al desarrollo de la persona cumpliendo la función educadora de inculcar en todo el sentido del bien común.

Ante LAS INSTITUCIONES CULTURALES, recuerda que cada pueblo tiene su civilización, sería un grave error sacrificar los valores espirituales que cada civilización tiene. Los pueblos pobres deben vencer la tentación que los pueblos ricos les ofrecen de un dinamismo solamente aplicado al aspecto económico.

En la segunda parte presenta EL DESARROLLO SOLIDARIO DE LA HUMANIDAD (43-80), el cual es necesario para el desarrollo completo del hombre, para ello, hay que lograr una verdadera comunión entre todas las naciones desde un triple aspecto:

  1. ASISTENCIA A LOS PUEBLOS DÉBILES. El hambre seguía asolando continentes enteros y lo realizado no bastaba, ante ello los pueblos ricos tenían deberes, uno de ellos era la solidaridad, pues era necesario que las riquezas no fuesen de uso exclusivo, sino que compartieran producción y potencial humano con los países mas necesitados. Las ayudas no pueden ser ocasionales, sino desde programas concertados de acción conjunta, Pablo VI proponía un fondo mundial para el desarrollo de los pueblos. Por tanto, para organizar este desarrollo es indispensable el diálogo entre los pueblos.
  2. LA JUSTICIA SOCIAL EN LAS RELACIONES COMERCIALES. San Pablo VI buscaba que la regla del libre comercio no rigiese de forma exclusiva las relaciones comerciales del mundo, ya que engendra una dictadura económica, para ello es urgente someterla a la justicia social. Esta política la practicaban ya los países desarrollados al interior de su propia economía nacional, por lo que indicaba que no estaba bien usar dos medidas. Lo que vale en la economía nacional, vale también para las relaciones comerciales entre países ricos y pobres. La justicia social exige una cierta igualdad de oportunidades. Que el sentido de la solidaridad prevalezca sobre incomprensiones y egoísmos.
  3. LA CARIDAD UNIVERSAL. San Pablo VI decía que el mundo está enfermo por falta de fraternidad, por ello invitaba a los países desarrollados a ser hospitalarios humana y cristianamente con los extranjeros. Recordaba a los estudiantes y jóvenes extranjeros en países desarrollados a que adquiriesen cultura y formación sin olvidar los valores espirituales de su propia civilización siendo generosos; a los hombres de negocios que tratan con países subdesarrollados el ser solidarios; a los técnicos que viajan a países subdesarrollados que su función no es solo técnica sino humanizadora.

¿QUÉ NOVEDADES OFRECIÓ? Su estilo directo de frases cortas, citó a autores modernos, clérigos y laicos, e incluso no católicos, algo inusual. El hecho mismo de tratar una materia como el desarrollo de los pueblos, el reconocimiento explícito de la dimensión universal de la cuestión social y la valoración moral de sus consecuencias, sus aportaciones a la DSI sobre el desarrollo integral de la persona y de todas las personas.

San Pablo VI invita a combatir la injusticia promoviendo el bien común de la humanidad construyendo la paz, logrando salir del aislamiento y abriéndose a la colaboración internacional, donde los pueblos deben asumir su responsabilidad. El camino de la paz pasa por el desarrollo, el nuevo nombre de la paz es el desarrollo, un desarrollo solidario e integral, que abarque todas las dimensiones del hombre y de los pueblos.

 

Pbro. Jhonny Alberto Zambrano Montoya

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