32.5 C
Venezuela
jueves, agosto 13, 2026

San Román

Date:

NOTAS RELACIONADAS

65 jóvenes reciben en Peribeca sacramento de la confirmación 

En una emotiva y organizada Eucaristía presidida por Monseñor Lisandro, junto al párroco el Pbro. Rodrigo Varela y el Pbro. Ricardo Prato, estos jóvenes recibieron la plenitud del Espíritu Santo para ser testigos valientes del amor de Dios

Señor de Limoncito: guardián de la ciudad de San Cristóbal

“Con el fervor como el que le tenemos al Santo Cristo de La Grita, al Nazareno de San Pablo en Caracas, en San Cristóbal tenemos el guardián que es el Señor de Limoncito, al cual rendimos nuestro amor y adoración”

Enmarcan devoción al Santo Cristo de La Grita en una “teología del rostro” para transformar la realidad tachirense

En un recorrido simbólico y pastoral por las distintas subregiones del estado, el Obispo trazó el mapa espiritual de la diócesis a través de sus comunidades

Recoba: “El cambio de actitud fue fundamental para quedarnos con la victoria”

“En el primer tiempo el equipo lo intentó, pero un error nuestro nos costó, nos hicieron un gol y el plan inicial sufrió un poco, pero el cambio de actitud y la responsabilidad de los jugadores fue fundamental para quedarnos con la victoria”

El banquete pascual

Cuando nos reunimos como comunidad cristiana en torno al altar, Cristo no solo está presente en el sacerdote que preside o en la palabra que se proclama, sino que Él mismo es el altar, la víctima y el alimento
spot_imgspot_img

A los treinta y cinco años de edad, San Román se retiró a los bosques del Jura, en la frontera de Francia y Suiza para vivir como ermitaño. Llevó consigo las «Vidas de los Padres del desierto» de Casiano, algunos útiles de trabajo y un poco de semilla y se abrió camino hasta la confluencia del Bienne y el Aliére.

En aquellas escarpadas montañas de difícil acceso, encontró la soledad que buscaba. A la sombra de un gigantesco pino, pasaba el día en la oración, la lectura espiritual y el cultivo de la tierra. Al principio, sólo las bestias y uno que otro cazador turbaban su retiro; pero pronto fueron a reunírsele su hermano, Lupicino y uno o dos compañeros más.

Le puede interesar: Toches SC, C.A.: Un sabor que se enquista en cada rincón de San Cristóbal

Después llegaron otros muchos aspirantes a la vida eremítica, entre ellos una hermana de san Román y varias otras mujeres.

Los dos hermanos construyeron los monasterios de Condal y Leuconne, a tres kilómetros de distancia uno del otro y, para las mujeres, erigieron el monasterio de La Baume, donde actualmente se levanta el pueblecito de Saint-Roman-de-la-Roche.

 Los dos hermanos desempeñaban simultáneamente el cargo de abad, en perfecta armonía, aunque Lupicino tendía a ser más estricto. Este último habitaba generalmente en el monasterio de Leuconne; al enterarse de que los monjes de Condal empezaban a comer un poco mejor, se presentó en el monasterio y les prohibió tal innovación. Aunque el ideal de san Román y san Lupicino era imitar a los anacoretas del oriente, las diferencias de clima les obligaron a modificar ciertas austeridades.

Lee también. El logotipo y el lema del Viaje Apostólico del Papa Francisco a Hungría

Los galos eran muy dados a los placeres de la mesa; a pesar de ello, jamás probaban los monjes la carne, y sólo comían huevos y leche cuando estaban enfermos. Pasaban gran parte del día en duros trabajos manuales, vestían pieles de animales y usaban zuecos. Esto les protegía de la lluvia, pero no del cruel frío del invierno, ni de los ardientes rayos del sol en el verano, reflejados por las rocas.

San Román hizo una peregrinación al actual Saint-Maurice de Valais para visitar el sitio del martirio de la Legión Tebana. En el camino curó a dos leprosos; la fama del milagro llegó antes que él a Ginebra y, al pasar por la ciudad, el obispo, el clero y el pueblo salieron a saludarle. Su muerte ocurrió el año 460. Según su deseo, fue sepultado en la iglesia del convento gobernado por su hermano, Lupicino.

Este le sobrevivió cerca de veinte años, y su fiesta se celebra por separado, el 21 de marzo. La biografía latina habla sobre todo, de las austeridades de Lupicino, pero cuenta también grandes maravillas de la bondad de Román para con los monjes y de su espíritu de fe. En una época de hambre, obtuvo con sus oraciones la multiplicación del grano que quedaba en el monasterio.

Cuando sus monjes, cediendo a la tentación, empezaban a pensar en abandonar la vida religiosa o la abandonaban realmente, el santo no les trataba con dureza, sino que les alentaba a perseverar en su vocación.

NOTAS RELACIONADAS

65 jóvenes reciben en Peribeca sacramento de la confirmación 

En una emotiva y organizada Eucaristía presidida por Monseñor Lisandro, junto al párroco el Pbro. Rodrigo Varela y el Pbro. Ricardo Prato, estos jóvenes recibieron la plenitud del Espíritu Santo para ser testigos valientes del amor de Dios

Señor de Limoncito: guardián de la ciudad de San Cristóbal

“Con el fervor como el que le tenemos al Santo Cristo de La Grita, al Nazareno de San Pablo en Caracas, en San Cristóbal tenemos el guardián que es el Señor de Limoncito, al cual rendimos nuestro amor y adoración”

Enmarcan devoción al Santo Cristo de La Grita en una “teología del rostro” para transformar la realidad tachirense

En un recorrido simbólico y pastoral por las distintas subregiones del estado, el Obispo trazó el mapa espiritual de la diócesis a través de sus comunidades

Recoba: “El cambio de actitud fue fundamental para quedarnos con la victoria”

“En el primer tiempo el equipo lo intentó, pero un error nuestro nos costó, nos hicieron un gol y el plan inicial sufrió un poco, pero el cambio de actitud y la responsabilidad de los jugadores fue fundamental para quedarnos con la victoria”

El banquete pascual

Cuando nos reunimos como comunidad cristiana en torno al altar, Cristo no solo está presente en el sacerdote que preside o en la palabra que se proclama, sino que Él mismo es el altar, la víctima y el alimento

DC.RADIO

RECIENTES

spot_img

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here