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Santo de hoy 10 de agosto

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El Santo del día es una reseña diaria de los santos guardados en la memoria de la Iglesia. Historias de maestros de vida cristiana de todas las épocas que como faros luminosos orientan nuestro camino.

Nicolás Saggio de Longobardi

El Beato Nicolás les nació en Lombardía (Longobardi) el 6 de enero de 1619, hijo de Fulvio Saggio y Aurelia Pizzini, pertenecientes a una antiquísima familia. Fue el primero de los tres hijos de esta familia. Se dice que en el momento en que nació, una llama misteriosa apareció en el techo de su casa, como si simbolizara la brillante vida que tendría Nicolás, también en el día del bautismo le pusieron el nombre de Juan Bautista, que él luego cambió al de Nicolás.

Por otro lado, como sus padres no tenían posibilidades económicas, tenía un gran interés en aprender, por lo que no fue enviado a la escuela. Por lo tanto, ayudó a su padre a trabajar en el campo. Desde muy joven, ayunaba varias veces a la semana y nunca faltaba a misa.

En alguna oportunidad, su padre le habría dicho que era algo torpe el dejar de trabajar para ir a la iglesia, entonces él fingió no sentirse bien y se fue al pueblo a escuchar la Misa. A su regreso, logró segar el trigo en gran abundancia y con una velocidad prodigiosa. Frecuentaba a menudo la Iglesia que los Religiosos Mínimos tenían en Lombardía, donde pasaba días enteros en oración.

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A los veinte años, Nicolás decidió entrar a monasterio, pero sus padres trataron de impedirlo con firmeza. Su madre estaba furiosa por la elección, ya definitiva de su hijo. Frete a esto Nicolás se quedó ciego, y tan sólo recuperó la vista cuando sus padres se arrepintieron y lo dejaron libre de seguir su propia vocación.

Nicolás solicitó el hábito de San Francisco y fue asignado al Convento de Paula donde entró como hermano lego, por no tener estudios, y por ello nunca recibió las órdenes sagradas. Acabado el año de noviciado, pasó a Lombardía y luego a San Marco Argentano, Montalto, Cosenza, Spezzano y Paterno.

Su reputación de virtud pronto llegó a Roma. Fue en Roma donde el Colegio DePaula de San Francisco necesitaba un hombre religioso, y San Nicolás fue llamado a la parroquia cercana al colegio. Allí visitó el Santuario de Loreto. Regresó tan lleno que hizo que su compañero dijera: «Frey Nicholas estaba bien cuando fue a Loreto, pero regresó a Roma de manera santa».

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Siendo ya una figura muy popular, el Beato Nicolás fue enviado, por sus superiores, a Calabria. Era el año 1693. En aquel período los calabreses estaban alarmados por los continuos sismos. Los marqueses del Valle lo invitaron a su feudo en Fiumefreddo, donde vivían con temor, desde que él llegó los temblores cesaron. En el 1696 Nicolás les fue trasladado a Lombardía. Aquí ejecutó una serie muy larga de prodigios. Encontrándose una vez en la costa con un pescador, este se negó a proporcionarle un pez, entonces Nicolás llamó a los peses del mar que se deslizaron fuera del agua y se dejaron tomar con las manos.

En los últimos años de su vida, Nicolás fue enviado nuevamente a Roma donde a menudo fue consultado por los papas, por los cardenales y por la nobleza de la ciudad. Aquí hechos excepcionales demostraron que el Beato Nicolás había recibido el don de la bilocación. Predijo la fecha de su muerte que llegó a la medianoche del 2 de febrero de 1709.

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