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Santo Toribio «Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor»

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Toribio Alfonso de Mogrovejo nació en Mayorga, Valladolid en el año 1538, hijo de representantes importantes de la nobleza, su padre, fue don Luis Alfonso de Mogrovejo Coco y su madre doña Ana de Robledo y Morán de Butrón, ambos miembros de familias influyentes de la España de la época.

Estudió derecho y teología en las universidades de Salamanca y Coimbra (Portugal), gracias a su capacidad y ejemplarizante trabajo en 1568 fue nombrado inquisidor mayor de Granada. En la medida que el santo dirigía con responsabilidad sus obligaciones en las cuales siempre fue flexible, humilde y justo se elevaba como posible candidato en las tierras americanas.

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“Gracias a la relación que cultivaba con Felipe II fue nombrado por Gregorio XIII, arzobispo de Lima, con jurisdicción sobre las diócesis de Cuzco, Cartagena, Popayán, Asunción, Caracas, Bogotá, Santiago, Concepción, Córdoba, Trujillo y Arequipa: de norte a sur eran más de 5.000 kilómetros, y el territorio tenía más de 6 millones de kilómetros cuadrados. Después de haber sido consagrado obispo en agosto de 1580, partió inmediatamente para América, a donde llegó en la primavera de 1581”.

Fueron 25 años en los que el santo vivió, trabajó y se consagró al servicio ininterrumpido del pueblo de Dios, convirtiéndolo en un organizador y planificador de la iglesia en América con la realización de diez sínodos diocesanos y tres provinciales.

“Fundó el primer seminario de América; intervino con energía contra los derechos particulares de los religiosos, a quienes estimuló para que aceptaran las parroquias más incómodas y pobres; casi duplicó el número de las “Doctrinas” o parroquias, que pasaron de 150 a más de 250”.

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Entre sus múltiples acciones dio la confirmación a Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y San Juan Macías. Su ejemplo de trabajo se evidenció cuando para evangelizar aprendió quechua y otras lenguas nativas, con ello logró mejorar la comunicación con los indígenas y direccionó a los misioneros para que al igual que él se sumarán a esta cruzada. Editó los   primeros catecismos americanos en castellano y en lenguas indígenas.

“A los sesenta y ocho años, Toribio de Mogrovejo cayó enfermo en la población de Pacasmayo, pero aun así continuó trabajando hasta el final, llegando a la ciudad de Zaña en condición agonizante. Allí hizo su testamento en el que dejó a sus criados sus efectos personales y a los pobres el resto de sus propiedades. Murió a las tres y media de la tarde del 23 de marzo de 1606, Jueves Santo, en el Convento de San Agustín. Sus restos descansan en la catedral de Lima”.

Fue beatificado el 28 de junio de 1679 por el papa Inocencio XI, mediante la Bula Laudeamus y canonizado el 10 de diciembre de 1726 por el papa Benedicto XIII, mediante la Bula Quoniam Spiritus. 

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