El Santo de Limoncito es el custodio de la ciudad de San Cristóbal del estado Táchira, es misticismo e historia para un pueblo colmado de fe y religiosidad en cada rincón de la región. Dentro de su capilla, en el templo Sagrario Catedral, día tras día recibe las visitas de un pueblo que busca refugiarse en los brazos abiertos del Cristo que siempre espera, siempre atiende y nunca abandona.
Para el párroco de la Catedral y director del Diario Católico, presbítero José Lucio León el Señor de Limoncito representa el custodio que protege, guarda y guía.
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“Con el fervor como el que le tenemos al Santo Cristo de La Grita, al Nazareno de San Pablo en Caracas, en San Cristóbal tenemos el guardián que es el Señor de Limoncito, al cual rendimos nuestro amor y adoración”.
Reitera el párroco que el custodio cuida cada paso que se registra en la ciudad y que son innumerables los devotos que día tras día recorren los pasillos del templo para orar y pedir a su guardián el cumplimiento de sus peticiones.
“El Señor de Limoncito en su capilla representa un espacio espiritual que suma todos los días más devotos que buscan consuelo, sanación y fortaleza espiritual. La voz de quienes pidan será oída a los que se acerquen con fe sincera y humildad de corazón”.
Historia
El pueblo de San Francisco de Limoncito, formaba parte de una cadena de asentamientos fundados por los misioneros franciscanos a las márgenes de los ríos Catatumbo, Escalante y Zulia para asegurar la ruta de tránsito y comercio entre la Villa de San Cristóbal, ciudad de La Grita, Pamplona y valles de Cúcuta, con la ciudad y puerto de Maracaibo.

Estos establecimientos se mantuvieron hasta el año de 1793, cuando los aborígenes se sublevaron y retornaron a sus lugares de origen, prendiendo fuego en las casas e iglesias de varios de los pueblos o asentamientos.
En la iglesia Limoncito se hallaba una talla de Jesús crucificado, que permaneció a pesar del fuego. El gobernador de la Provincia de Maracaibo dispuso que se realizara el traslado de los objetos y ornamentos sagrados que no habían sido dañados por los incendios a la iglesia parroquial de la Villa de San Cristóbal donde, por su procedencia, se comenzó a llamar el Señor de Limoncito.
La efigie fue colocada en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, que estaba ubicada a un lado de la actual iglesia Catedral. Datos históricos señalan que en dos oportunidades: 1813 y 1820, el Libertador Simón Bolívar visitó y encomendó al Señor, representado en esta imagen, la gesta independentista.

El Señor de Limoncito permaneció allí hasta 1955, cuando fue trasladado a la iglesia Catedral. En el lugar donde estaba la capilla de Los Dolores, se construyó el actual Palacio Episcopal.
La talla del crucificado fue ubicada en Catedral, en el nicho cercano a la antigua sacristía y altar mayor de la iglesia, donde el entonces párroco Monseñor Carlos Sánchez Espejo (1910-2005), promovió la realización de la obra arquitectónica donde hoy permanece y acompaña la presencia de Cristo vivo en el Santísimo Sacramento.
Oración
¡Oh, Señor del Limoncito, glorioso guardián y protector de nuestra ciudad de San Cristóbal ¡
Mira con ojos de misericordia el dolor, la esperanza y el batallar de tu pueblo
Ponemos en tus santas llagas nuestras familias, nuestros hogares y nuestras necesidades.
Sé fortaleza de los enfermos, guía de los errantes y consuelo de los afligidos.
Concédenos la paz, la salud del cuerpo y del alma, y mantennos firmes en la fe.
Amén.
Carlos A. Ramírez B.


