La esperanza cristiana tiene postura propia y no es el encogimiento, sino la cabeza erguida. Una escena evangélica que mejor ilumina el estribillo del himno es la de Pedro caminando sobre el lago (Mt 14,22-33). Mientras mantiene los ojos en Jesús, camina sobre las aguas; cuando «viendo la fuerza del viento, le entró miedo» (14,30), empieza a hundirse