Inspirándose en las propuestas de San Juan Pablo II y Benedicto XVI, enfatizó que estas dos dimensiones son como “dos alas” necesarias para elevarse hacia la verdad, advirtiendo que la exclusión de la religión bajo una falsa neutralidad secular empobrece el pensamiento y deshumaniza la formación integral
Reconocer este misterio es invitar a Dios a transformar nuestras rutinas, convirtiendo el trabajo, el descanso y el conflicto en espacios donde el amor trinitario se hace presente