“Teniendo en el corazón el bien de la Iglesia, a la que he servido y seguiré sirviendo con fidelidad y amor, así como contribuir a la comunión y serenidad del Cónclave, he decidido obedecer como siempre he hecho a la voluntad del Papa Francisco de no entrar en el Cónclave permaneciendo convencido de mi inocencia”
Los cuatro sellos representan el Pabellón de la Sede Apostólica sostenido por ángeles, bajo el cual figuran las llaves decusadas. En cada sello aparecen las inscripciones: «Sede Vacante MMXXV», «Ciudad del Vaticano» y el valor correspondiente
“Toda la Iglesia, unida a nosotros en la oración, invoca constantemente la gracia del Espíritu Santo, para que sea elegido por nosotros un digno Pastor de todo el rebaño de Cristo”
A medida que nos acercamos a la Basílica Vaticana, la multitud se hace más densa. Un arco iris de colores la recorre: los tonos cálidos del amarillo y el rojo, los de la bandera española que lleva colgada al hombro un grupo escolar de Sevilla
Lo que llama la atención es cómo el Papa ha ocultado a menudo su relación con Liguria. «Nos habíamos dicho: 'Paciencia, traeremos, aunque sólo sea un grano de nuestra tierra'. Y entonces, esta noticia...»
Ciento veintiséis visitas realizadas por Francisco a la Salus Populi Romani en doce años de Pontificado: la primera el 14 de marzo de 2013, al día siguiente de su elección como 265º Sucesor de Pedro; la última el pasado 12 de abril, en vísperas de la Semana Santa; en el medio, los innumerables homenajes antes y después de cada viaje apostólico y los cuatro ingresos en el Hospital «Gemelli»