La cultura digital contemporánea nos presenta una paradoja fascinante: nunca antes el ser humano tuvo tanto acceso a la información, pero pocas veces ha sido tan difícil encontrar la Verdad entre el ruido.
La Red tiene la pretensión de hacernos más abiertos al conocimiento y a las relaciones, disminuyendo los tiempos de espera y eliminando fronteras. Sin embargo, para nosotros, este escenario no es solo un avance tecnológico, sino un nuevo territorio de misión que exige una actitud de profunda humildad y aprendizaje.
Para quienes no nacieron en la era digital, el reto es similar al del misionero que llega a una tierra desconocida: antes de hablar, debe observar; antes de enseñar, debe aprender a respetar la cultura local sin juzgarla desde sus propios esquemas. Sólo así, conociendo la dinámica de la red, podremos participar plenamente de ella y transformarla desde adentro.
Comunicar: acto de misericordia
En su mensaje para la 50ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el papa Francisco nos recordaba que el poder de la comunicación es la “proximidad”. En un mundo dividido y polarizado, donde las redes a menudo se convierten en campos de batalla o “linchamientos morales”, los cristianos estamos llamados a ser constructores de puentes.
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No es el dispositivo lo que garantiza una comunicación auténtica, sino el corazón de quien escribe. Los correos, mensajes y redes sociales son formas de comunicación plenamente humanas cuando brotan de un espíritu de misericordia.
Comunicar con misericordia significa hacerse cargo del otro, consolar al que sufre y acompañar al que está solo tras una pantalla. La Red es una plaza donde podemos acariciar o herir; nuestra misión es que cada interacción sea una caricia de Dios para el prójimo.
Urgencia: Formación pastoral
Si los primeros discípulos no temieron embarcarse en viajes peligrosos por mares desconocidos, ¿por qué habríamos de temer nosotros a la Red? El miedo se vence con la preparación.
Como señalaba Benedicto XVI, se requiere un “uso oportuno y competente” de estos medios, lo cual solo se logra mediante una sólida formación teológica y una espiritualidad sacerdotal y laical profunda.
En nuestra Diócesis de San Cristóbal, la formación para la comunicación se convierte en una clave esencial. No basta con saber “postear” una foto; nuestros agentes comunicacionales necesitan comprender la ética digital, el lenguaje de las nuevas narrativas y, sobre todo, cómo mantener un diálogo constante con el Señor que alimente su presencia en internet.
La técnica sin espíritu es vacía; la espiritualidad sin técnica, en este mundo, corre el riesgo de no ser escuchada. La Vicaría Episcopal de Comunicación ofrece todos los terceros sábados de mes, una oportunidad formativa a través de la “Escuela Comunicacional Carlo Acutis” con una línea editorial eclesial: la formación, la información, el testimonio y la vida comunitaria parroquial.
Hacia una pastoral de la escucha
La comunicación, para suscitar comunión, debe ser el eje transversal de toda nuestra actividad pastoral. El entorno digital es un don de Dios que nos exige una gran responsabilidad. Estamos llamados a humanizar la técnica, a llevar la luz del Evangelio a los foros y redes, asegurándonos de que nuestra “fe creída” se convierta en una “fe vivida y compartida” que sane, cure y celebre la vida de nuestros hermanos en la humanidad.
Pbro. Jhonny A. Zambrano


