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Magnifica Humanitas, a modo de introducción

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El pasado 25 de mayo apareció publicada Magnifica Humanitas, primera carta encíclica de León XIV. Un documento que recoge, en cierta medida, una de las principales preocupaciones del Sucesor de Pedro. El tema de la inteligencia artificial ha sido protagonista de sus primeros tiempos de pontificado.

En sus palabras, hemos logrado penetrar en un universo que abre un abanico enorme de posibilidades para el bien común, pero, al mismo tiempo, también abre un horizonte que entraña grandes amenazas, la más inquietante, el peligro latente de poner en riesgo nuestra humanidad o, al menos, transformarla en otra cosa que nos aleje de la vocación por la cual estamos aquí.

Magnifica Humanitas celebra el 135 aniversario de la publicación de la Carta Encíclica Rerum Novarum de León XIII, piedra fundante de la Doctrina Social de la Iglesia; por lo tanto, no solo beberá de su espíritu y de la profundidad de la sensibilidad social del Magisterio, sino que hunde su mirada en dos imágenes que perfuman las páginas del Antiguo Testamento. Por un lado, el documento nos invita a contemplar la historia de la torre de Babel (Gn 11,1-9); por otro lado, encontramos el pasaje de la reconstrucción de los muros de Jerusalén (Ne 2-6). Dos imágenes bíblicas que nos ayudan a enmarcar el discernimiento de cómo vivir con responsabilidad en la era de la inteligencia artificial.

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La historia de la torre de Babel la podemos ubicar en los orígenes de la humanidad. Los seres humanos, una vez establecidos en la llanura de Senaar, deciden asegurar estabilidad, poder y perpetuarse un nombre. Deciden, entonces, construir una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue hasta el cielo.

Esto no solo entraña una labor imponente, sino que, además, no parece cuestionable y muy acorde a las aspiraciones a las que tiene derecho todo hombre. Sin embargo, esta aventura es emprendida sin referencia alguna a Dios. Por otro lado, tenemos a Nehemías, que emprende el imposible peregrinaje de reconstruir los muros de Jerusalén, en un momento de confusión, vulnerabilidad y tristeza. Por ello, hace todo lo contrario a los constructores de Babel; busca referenciarse en la voluntad de Dios, a través del ayuno, la oración y la apertura al otro.

León XIV nos propone en las líneas de Magnifica Humanista transitar el camino de Nehemías. Una propuesta que no solo podemos circunscribir al tema de la inteligencia artificial, sino proyectar a nuestras decisiones personales y colectivas, pues es una bitácora que conduce al hombre a su plenitud.

En primer lugar, Nehemías, antes de iniciar cualquier acción, ayuna, reza e intercede por el pueblo. Apela al silencio para enmarcar su discernimiento frente al reto de reconstruir los muros de la ciudad. Luego de alimentarse de oración y silencio, convoca a las familias, confiando a cada una un tramo de la muralla. En ese proceso, Nehemías escucha el corazón de las personas que le hablan de temores, esfuerzos y miedos que engendran oposiciones.

El papa nos advierte cómo una ciudad no se levanta gracias al esfuerzo de uno, sino al compromiso de todos a través de responsabilidades compartidas. En esa comunión maravillosa, Dios muestra su presencia objetiva alimentando los vínculos humanos antes que cualquier piedra. «La armonía que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor», señala el papa. Esa armonía es la base de todo esfuerzo de construcción de cualquier proyecto.

Esto requiere de madurez y humildad. «Edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad». Paz y Bien, a mayor gloria de Dios.

 Valmore Muñoz Arteaga

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