San Bernabé nación en la isla de Chipre bajo el nombre de José, sin embargo, sus obras y una profunda generosidad lo hicieron merecedor de ser llamado Bernabé, lo que se traduce como hijo del consuelo, pese a que no fue uno de los doce apóstoles fue una pieza de importante valía para la expansión de la Iglesia incipiente que se gestaba desde la convicción y el amor.
En los Hechos de los Apóstoles se describe que su gran corazón hizo que vendiera su propiedad, un campo, para entregar los recursos y así ayudar a la comunidad más desfavorecida. Con ello dejó por sentado no solo su carácter altruista sino demostró tener un amor abierto y acoplado al mandamiento de ayudar al prójimo sin ningún interés particular.
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“Un mérito formidable de San Bernabé es el haber descubierto el gran valor que había en aquel recién convertido que se llamaba Saulo y que más tarde se llamaría San Pablo. Cuando después de su conversión Saulo llegó a Jerusalén, los cristianos sospechaban de él y se le alejaban, pero entonces Bernabé lo tomó de la mano y lo presentó a los apóstoles y se los recomendó”.
Esta alianza entre Bernabé y Saulo, forjaría una accionar misionero donde ambos viajaron por distintas regiones para colmar a sus habitantes con la palabra de Dios. Bernabé siempre cultivó la paciencia con lo cual animaba a los fieles a mantener la fe aún en medio de los obstáculos y la persecución de la que eran objeto. Su marca santa se evidenciaba en su convicción y espiritualidad sumado a su vida austera, humilde y con un alto grado de servicio.

“Un día mientras los cristianos de Antioquía estaban en oración, el Espíritu Santo habló por medio de algunos de ellos que eran profetas y dijo: «Separen a Bernabé y Saulo, que los tengo destinados a una misión especial». Los cristianos rezaron por ellos, les impusieron las manos, y los dos, acompañados de Marcos, después de orar y ayunar, partieron para su primer viaje misionero”.
La tradición asegura que San Bernabé murió mártir en Salamina (Chipre), apedreado por anunciar a Cristo. “Su tumba fue venerada desde tiempos antiguos, y su figura es especialmente querida en Oriente y entre las Iglesias que conservan el fuego de los primeros siglos”.
Oración
Oh, San Bernabé, apóstol del Señor, que hiciste honor al significado de tu nombre: "el que anima y entusiasma". Tú que elegiste la mansedumbre y la paciencia en las dificultades, apóyanos en nuestras pruebas.
Cuando nos falte valor, acude en nuestra ayuda; cuando nuestros corazones se cierren, haz que se abran al amor; y cuando nos tiente el desaliento, recuérdanos que Cristo resucitado camina con nosotros.
Alcánzanos la fuerza para permanecer fieles al Señor en nuestras batallas cotidianas y ser proclamadores valientes del Evangelio con nuestras palabras y obras. Protege a nuestras familias y haz que seamos portadores de la Buena Nueva en todo lugar.
Amén.
Carlos A. Ramírez B.


