El Papa León XIV dedicó su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 29 de abril a reflexionar sobre el reciente viaje apostólico que lo llevó del 13 al 23 de este mes a cuatro naciones africanas: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.
No se trató solo de una visita largamente deseada desde el inicio de su pontificado, sino de una auténtica peregrinación pastoral vivida -como él mismo subrayó- “como mensaje de paz” en un tiempo herido por guerras y por reiteradas violaciones del derecho internacional.
Al regresar a Roma, el Pontífice elevó su acción de gracias al Señor por haberle concedido “realizar este viaje como Pastor”, encontrando comunidades vivas y testigos de esperanza. Su reconocimiento se extendió también a los obispos, a las autoridades civiles y a todos aquellos que hicieron posible cada etapa del itinerario.
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No es casual -observó- que la primera parada haya sido Argelia, tierra ligada a la figura de san Agustín. Allí, el Papa volvió a las raíces de su propia identidad espiritual -cabe recordar su presentación como “hijo de san Agustín” en la primera bendición Urbi et Orbi del 8 de mayo de 2025– y, al mismo tiempo, tendió tres puentes fundamentales: hacia la riqueza de los Padres de la Iglesia, hacia el mundo islámico y hacia el continente africano en su conjunto.
En suelo argelino, León XIV experimentó una acogida “no solo respetuosa, sino cordial”, que se convirtió en signo elocuente de convivencia posible entre creyentes de distintas religiones. “Hemos podido mostrar al mundo -dijo- que es posible vivir como hermanos y hermanas cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso”. Una experiencia que se entrelazó con la herencia espiritual de san Agustín, maestro universal en la búsqueda de Dios y de la verdad.
El viaje continuó en contextos de mayoría cristiana, donde el Papa se encontró inmerso en una verdadera “fiesta de la fe”. En Camerún, país marcado por tensiones y heridas abiertas, resonó con fuerza su llamamiento a la reconciliación y a la paz. La visita a Bamenda, en la región anglófona, fue un gesto concreto en esta dirección: una invitación a reconstruir la unidad desde el diálogo. Definido como “África en miniatura”, Camerún refleja -según el Pontífice- tanto la riqueza del continente como sus desafíos más urgentes: la necesidad de una distribución equitativa de las riquezas; de dar espacio a los jóvenes, superando la corrupción endémica; de promover el desarrollo integral y sostenible, oponiendo a las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro».
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