Como su pastor, al contemplar la fe de nuestro pueblo tachirense, me maravilla ver cómo un solo misterio puede ser tan profundo que necesitamos muchas palabras para intentar abarcarlo. El catecismo nos enseña que la eucaristía posee una riqueza inagotable, y hoy quiero que reflexionemos sobre los nombres que le damos, porque cada uno es una ventana abierta a la grandeza de Dios.
1. Eucaristía
El nombre más común, eucaristía, nos recuerda que nuestra vida debe ser una constante acción de gracias. Al pronunciar las palabras eucharistein y eulogein, nos unimos a la tradición de las bendiciones que proclaman las maravillas de Dios: la creación de nuestras montañas, la redención de nuestras almas y nuestra santificación diaria. En San Cristóbal, un pueblo agradecido por naturaleza, debemos vivir cada misa como el agradecimiento supremo al Padre por todo lo que nos regala.
Lea también: Parroquia El Buen Pastor celebró su fiesta patronal
2. El Banquete del Señor
También la llamamos Banquete del Señor. Este nombre nos traslada a la víspera de la Pasión, a la intimidad de la Última Cena. Pero es más que un recuerdo; es la anticipación del banquete de bodas del Cordero en la Jerusalén celestial. Cada vez que nos acercamos al altar, estamos sentándonos a la mesa con Jesús, saboreando por adelantado la alegría del cielo donde no habrá más llanto ni dolor.
3. La fracción del pan
Este es, quizás, uno de los nombres más conmovedores: la fracción del pan. Era el gesto del cabeza de familia y fue el gesto con el que los discípulos de Emaús reconocieron al resucitado. Al partir el pan, Jesús nos enseña que Él mismo se deja «partir» por nosotros.
Hermanos, al comer de este único pan partido, que es Cristo, entramos en comunión con Él y formamos un solo cuerpo. En una sociedad que a veces camina hacia la división, la fracción del pan nos urge a la unidad. No podemos comulgar con Cristo si no estamos dispuestos a entrar en comunión con el hermano, especialmente con el que sufre o el que está solo.
4. La Asamblea Eucarística
Finalmente, la llamamos asamblea eucarística. La eucaristía no es un acto privado; se celebra en la asamblea de los fieles. Ustedes, el pueblo de Dios que llena nuestros templos, son la expresión visible de la Iglesia. En cada celebración, manifestamos que somos una familia reunida por el Espíritu Santo para dar culto al Padre.
Les invito, pues, a valorar cada nombre y cada dimensión de este sacramento. Que cuando digamos «voy a misa», «voy a la eucaristía» o «voy a la fracción del pan», lo hagamos con el corazón encendido, sabiendo que estamos tocando el tesoro más grande que la Iglesia posee.
Que Nuestra Señora de la Consolación nos ayude a ser siempre un pueblo eucarístico, agradecido y profundamente unido en el amor de su hijo.
Mons. Lisandro Rivas
Obispo de la Diócesis de San Cristóbal


