Este cuarto domingo de Pascua, la liturgia nos presenta la figura entrañable del Buen Pastor, ¡del Pastor Bello!
En un tiempo saturado de voces, algoritmos y liderazgos efímeros, la imagen de Jesús como aquel que conoce a sus ovejas por su nombre y da la vida por ellas adquiere una vigencia profética y urgente para nuestra comunidad.
Lea también: Parroquia El Buen Pastor celebró su fiesta patronal
El Buen Pastor no es un guía distante; es quien camina delante, quien protege en la noche del miedo y quien busca incansablemente a la que se ha perdido. En la realidad actual, donde la soledad y la confusión parecen ganar terreno, esta certeza nos devuelve la paz: no somos una cifra en una estadística, ni usuarios de una red, sino hijos amados por Dios. Su voz no se impone por la fuerza, sino por la autoridad del amor y la entrega total en la Cruz.
Esta jornada nos invita también a reflexionar sobre nuestra propia capacidad de escucha. ¿A qué voces estamos prestando atención? La cultura del descarte y el ruido del egoísmo a menudo intentan asfixiar la llamada del Pastor. Escuchar su voz implica cultivar el silencio, la oración y, sobre todo, el compromiso con el prójimo.
Como Iglesia, estamos llamados a prolongar este pastoreo. Ser «buenos pastores» en nuestras familias, trabajos y servicios sociales significa cuidar la vida de los más vulnerables con la misma ternura que Cristo nos cuida. Que este domingo renovemos nuestra confianza en Aquel que nos conduce a fuentes tranquilas y nos da la vida en abundancia. ¡Feliz Domingo del Buen Pastor! Así sea.
Pbro. José Lucio León Duque
Director


