En la víspera de la celebración del día del Seminario, que se conmemora en la Solemnidad de Pentecostés desde el año 1928, el presbítero Antony Josué Pérez rector del Seminario Mayor San Pablo Apóstol de Maturín, estado Monagas y presidente de la Organización de Seminarios de Venezuela, OSVEN, discernió acerca de la actualidad y el futuro de estos centros de formación eclesiales que preparan a quienes esparcirán el Evangelio en todos los rincones del país y fuera de sus fronteras.
Para el representante de los seminarios en Venezuela, en la actualidad estas casas de formación sacerdotal ostentan una característica basada en el conocimiento pleno y conciencia de su misión, esto se refleja en la calidad de sus formadores y la mirada acuciosa de sus obispos, quienes permanecen cercanos acompañando a los rectores de cada institución formadora.
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Este accionar los ha hecho ser promotores de una preparación idónea que los respalda en la fluctuante condición socio económica que impera en el país y que los colma de grandes desafíos, que han sido subsanados por ser comunidades de esperanza al servicio de Dios y apoyados por el esfuerzo y un sinfín de manos amigas que nunca los abandonan.
¿Cuál considera que es el valor espiritual más importante del seminario?
Creo que es doble, la amistad con el Señor y la amistad que se establece con los otros. El encuentro personal con Jesucristo nos hace entrar en esa dinámica de relación permanente que se expresa en la generosidad, de Dios en primer lugar, que es Providente.Así mismo, en la alegría de compartir la misma vocación que se renueva en la oración constante y en la fraternidad que se vive en el seminario. La amistad también es comunión, es interioridad, una gracia sin la cual la fe perdería belleza y el ministerio sería un oficio más.

¿Cómo es la formación de los futuros sacerdotes del país?
Procura ser una formación integral. La formación es hoy un verdadero proceso de integración de todas las dimensiones existenciales de los jóvenes. Este modo responde a la especificidad misma del seminario como lugar óptimo para la formación y a la mejor comprensión del ministerio del Orden. Es, así, un verdadero camino de configuración donde los jóvenes tienen todas las herramientas para ser buenos cristianos y, en el futuro, buenos pastores.
¿Cuál sería, a su parecer, la tarea que debe realizarse para consolidar aún más los seminarios en el país?
En primer lugar, creo que debe pensarse seria y serenamente, con espíritu renovado, en el seminario como el lugar y el ambiente óptimo para la formación, para discernir y evaluar si verdaderamente está respondiendo a los signos de los tiempos. Este ejercicio fortalecerá el medio, lo que supone repensar los modos y los criterios con los que estamos formando a los jóvenes de hoy. Ese ejercicio es una tarea que se ha ido concretando con las nuevas normas para la formación sacerdotal en Venezuela y en los procesos internos que vive cada comunidad formativa, que no es otra cosa que volver la mirada hacia sí. Incluso, ayudaría el hecho de aprender a soñar o aspirar: ¿cuál es el seminario que la Iglesia necesita hoy? ¿Cuál es el seminario que soñamos o aspiramos?

¿Cómo considera que será el desarrollo de los seminarios en los próximos años?
La situación del país nos ha enseñado mucho. Jamás podríamos pensar en los seminarios como casas cerradas o divorciadas de la realidad. En adelante, creo que serán comunidades de puertas abiertas, focos de esperanza y centros de discernimiento y acción pastoral. Siento que serán comunidades entendidas dentro de la gran comunidad que es la Iglesia, donde la conciencia y la participación de los fieles sea mayor, no solo para sostener, sino también para ayudar en el proceso mismo de discernimiento de los jóvenes.
En este sentido, creo que habrá un bonito florecimiento de las vocaciones y los seminarios serán más que necesarios.
Carlos A. Ramírez B.


