“Yo pediré al Padre que les mande otro defensor que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen porque vive con ustedes y está en ustedes” (Juan, 14, 15-17)
La realización de esta promesa de Nuestro Señor Jesucristo es lo que celebra la Iglesia Universal en el último domingo de Pascua: la fiesta del Espíritu Santo, cuya venida sobre los apóstoles marcó el inicio y misión de la Iglesia: proclamar la noticia de la salvación y hacer discípulos bautizando en nombre de la Trinidad Santa.
El presbítero Domingo Pernía, rector del Santuario Diocesano de Adoración y Reparación Perpetua erigido en el templo de San José, en San Cristóbal, conversó con Diario Católico sobre el significado de esta solemnidad y resaltó un elemento necesario de recordar: la acción del Espíritu Santo en la vida del bautizado.
“Celebrar Pentecostés es celebrar la necesidad más grande de la Iglesia, pues, sin el Espíritu Santo seríamos una institución social de orden humano, pero con Él, somos la humanidad actual de Jesucristo, lo que el mundo podrá ver y tocar de Jesucristo será su Iglesia y por ello necesita del Espíritu Santo”.
Pedagogía Divina
Explicó que el Paráclito es quien inspira a la Iglesia para que organice su tránsito por esta historia. Es así como el año litúrgico tiene como objetivo brindarle al Pueblo de Dios el conocimiento teológico de Nuestro Señor y lleva una progresión: en el Adviento educa para conmemorar el nacimiento de Jesucristo y reflexionar sobre su segunda venida, en el tiempo ordinario se le conoce y contempla en su vida pública.
Le sigue el período de Cuaresma que prepara para celebrar el misterio de la fe, la pasión, muerte y luego el gran gozo de la resurrección que es la Pascua. Y al final de ésta celebramos al Espíritu Santo, porque Cristo asciende al cielo y comienza la tarea de la Iglesia que no puede hacer su obra sin la gracia de Dios.
“Necesitamos al Espíritu Santo porque es el que obra. El cuerpo y la sangre de Nuestro Señor llegan a estar en un pedazo de pan y un poco de vino por la acción del Espíritu que obedece, como Cristo, a la voluntad del Padre”.
¿Cómo estamos seguros de la acción del Espíritu Santo?
“La certeza de que tenemos el Espíritu Santo es que estamos bautizados y confirmados, es un hecho objetivo. Se equivoca el que cree que el Espíritu Santo está presente solo cuando hay situaciones emotivas o de llanto que dependen del estado de ánimo. Todos los bautizados, hemos recibido el Espíritu Santo en los sacramentos. San Juan Pablo II recordaba la enseñanza de San Efrén, de que al comulgar con fe recibimos Fuego y Espíritu”.
El padre Domingo Pernía mencionó que desde el día de nuestro bautismo los cristianos tenemos un organismo sobrenatural en el alma, el cual tiene cuatro sistemas que son las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad), las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza), los dones y los frutos del Espíritu Santo. Las virtudes se alcanzan con la disposición y actuación del creyente, pero los frutos y dones son dados por el Paráclito.
Intención
Entonces, ¿cuándo obra el Espíritu Santo?, ¿qué debemos hacer? “Lo que necesita el Espíritu Santo para actuar es nuestra intención. Por lo tanto, es seguro que el Espíritu Santo se mueve cuando un hijo de Dios tiene la intención de ir a misa, de orar, de hacer caridad. Sólo debemos tener la intención y Él hace el trabajo”.
Ana Leticia Zambrano


