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Johan Pineda Botía: el sacerdocio es un enorme don de Dios

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El 18 de julio en la parroquia Sagrada Familia de San Antonio del Táchira, tendrá lugar la ordenación presbiteral del diácono Johan Leonardo Pineda Botía, quien recibirá las sagradas órdenes de manos de monseñor Benito Méndez, tercer obispo castrense de Venezuela, para emprender el camino eclesial acompañando a la Fuerza Armada Nacional.

Nacido en El Saladito, cerca de la comunidad de Llano Jorge, en el municipio Bolívar del estado Táchira  el 29 de agosto de 1995, Johan Pineda se prepara para sellar de forma perpetua la vocación a la cual, en dos oportunidades, el Señor le llamó de manera contundente.

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El diácono compartió con Diario Católico la historia de su camino al sacerdocio y al reflexionar sobre la forma como actúa Dios en la vida de sus hijos, manifiesta la certeza de la afirmación de la carta de Pablo a los Romanos 8, 28: Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman.

Primer llamado

“Me tocó pelear con Dios, ya no aguantaba la duda, yo iba camino a la Basílica (de San Antonio de Padua) y  peleando con Él, le decía “hábleme, ¿usted quiere que yo sea sacerdote?, dígame, por favor”. Cuando entré, todas las columnas del templo tenían un afiche con la frase Jóven: tú puedes ser sacerdote. Eso fue para mí muy claro”.

El diácono narra que creció en la comunidad de Llano Jorge. Cuando tenía 12 años, falleció una prima muy cercana, contemporánea con él. Al pasar por esa pérdida, su mamá y sus tías se acercaron a la Iglesia, ese fue su refugio.

“Mi mamá comenzó a ir a misa los domingos, yo hice la primera comunión y luego ella comenzó a pedirme que la acompañara a la eucaristía, me invitaba y me ofrecía comprarme algo al salir. Así comencé a asistir”.

Pineda señala que “por cosas de Dios”, llegó a la parroquia un seminarista de teología que venía a cumplir su tiempo de pasantías, era el padre Delvis García (actual rector del Santuario Diocesano del Santo Cristo), quien hizo allí  su diaconado y primeros años de sacerdocio.

“En ese momento mi concepto de Iglesia era: algo para señores mayores. Entonces el Padre Delvis inició un grupo de jóvenes y me invitó. Al principio no acepté. Dos semanas después di el paso y asistí. En ese momento mi idea de Iglesia dio un vuelco: cantamos, oramos, hicimos dinámicas, se leyó la palabra y éramos puros jóvenes, cerca de 60. Me comenzó a gustar, asistía regularmente, luego pasé a ser coordinador del grupo, comencé a servir como monaguillo, asistía a encuentros, en fin, me metí a la Iglesia”.

Hasta entonces, Pineda no tenía idea de la vocación sacerdotal. Un día estaba en la sacristía con el padre Delvis, quien le preguntó “¿Johan, no te gustaría ir al seminario? Él estaba terminando el 4to año de bachillerato.

“Le respondí que estaba loco. Me dijo: piénselo… Y allí comenzó la inquietud. Iba a misa y yo me preguntaba ¿será que sí? Pasaron seis meses y me seguía preguntando”.

Cuando estaba próximo a graduarse de bachiller, sentía mucha inquietud sobre la vocación y en ese momento fue cuando “peleó” con Dios y recibió la primera respuesta en la Basílica.  Ese mismo día le comunicó al Padre Delvis que quería ir al Seminario.

Pineda recuerda que al decirle a sus padres que quería ser sacerdote, ellos le dijeron “le queda un año para que lo piense, es su vida”, sin embargo, estuvieron dispuestos a apoyarlo.

Inició el proceso:  hizo dos convivencias, luego el cursillo e ingresó al Seminario Santo Tomás de Aquino en el año 2012. Cursó la etapa de filosofía y casi toda la teología, permaneció ocho años, durante los cuales dirigió el coro junto a sus compañeros seminaristas Hobrayan Zambrano y Armando Navarrete. También ayudaba al padre rector, presbítero José Lucio León, (actual párroco de Sagrario Catedral y director de Diario Católico) en actividades para el bienestar de los futuros sacerdotes.

“En el año 2020 me retiré del seminario. Estuve cuatro años fuera, seguí viviendo en San Antonio. Fue un tiempo bonito durante el cual siempre sentí la ayuda de Dios, no me alejé de la Iglesia, seguí sirviendo, cantaba las misas, daba charlas, retiros.  Me buscaban de las parroquias cercanas, di clases de música en el colegio parroquial”.

Señala que, cuando llegó la pandemia, calificó para un trabajo en línea grabando voces en off,  y así se mantuvo hasta el año 2024. Económicamente estaba bien y no pensaba en retomar el sacerdocio. En algún momento recordó que la segunda opción que consideró antes de entrar al Seminario, fue la vida castrense, por ello había hecho algunos amigos en el Ordinariato Militar de Venezuela.

Segundo llamado

“Por cosas de Dios”, en 2024 surgió de nuevo la inquietud del sacerdocio. Aunque Pineda comenzó a evadirla, seguía participando en actividades de la Iglesia. Entonces se dio un retiro de jóvenes de la parroquia,  que se realizaría en Capacho, convocado por el padre Jhonatan Olivares, quien forma parte del Ordinariato Militar.

“Dicté una charla en ese retiro y cuando llegó el Padre Jhonatan, me abrazó y me preguntó: ¿cuándo vuelve?, habló conmigo largo rato, me dio 15 días para decidir. Fueron 15 días en los que no dormía, tenía muchas interrogantes. De nuevo le pedí a Dios que me diera una respuesta, que me dijera qué quería de mí”.

Lo llamaron a cantar una misa en Llano Jorge. Se trasladó hasta allá y en el camino iba pidiendo  a Dios, como la primera vez, una guía. Y el Señor no se hizo esperar.

“Entré a la iglesia y donde cantaba había una imagen de San José, a cuyos lados estaban dos  floreros y debajo de uno de ellos, un papelito. Lo tomé,  lo leí y me quedé en shock: “qué más pides, qué más pruebas necesitas, no te basta tanto amor”.

Johan le escribió al padre Olivares y dos días después estaba en Caracas, en el Seminario Castrense San Juan de Capistrano. Cursó seis meses de propedéutico, y con la formación previa, avanzó en el proceso. Fue ordenado diácono en octubre de 2025 en la parroquia Santa Rosa de Lima en Caracas,  comunidad que pertenece al Ordinariato Militar.

Un regalo de Dios

La cita bíblica que tomó para su ministerio  es del Evangelio de Juan 15, 16 “Ustedes no me eligieron a mí, he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca”.  Estos versículos describen en parte su camino.

El tiempo de Dios es perfecto y el sacerdocio es un enorme don de Dios, es algo muy grande. Yo pensé que mi proceso iba a tardar un poco más y todo se dio de la mejor manera. Dios ha sido muy bueno”.

Actualmente, el diácono Johan Pineda es capellán de la Academia Técnica de la Armada y trabaja con jóvenes entre 17 y 23 años. A partir de esa experiencia, apuesta por centrar su ministerio en la formación y el acompañamiento a las personas, para acercarlas a Dios y aspira a complementar su misión en el continente digital, ayudado por la música.

¿A partir de la forma como se concretaron sus llamados a la vocación sacerdotal, cómo define el actuar de Dios en la vida de las personas?

“Pienso que el actuar de Dios en medio nuestro es sutil pero muy real. Muchas de las cosas que nos pasan tienen muchas veces el sello de Dios. Eso lo he tenido claro desde que comencé mi proceso. La forma que me llamó y me ha mantenido en este caminar, para mí es la prueba más tangible de ver cómo Dios actúa”.

Ana Leticia Zambrano

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