Nuevamente nos encontramos para seguir reflexionando sobre la Eucaristía como sacramento admirable, sacramento de vida, sacramento que va creando y gestando nuestra Iglesia diocesana.
Después de este recorrido de profundizar sobre el contenido de la encíclica Ecclesia de Eucharistia (en español La Iglesia vive de la Eucaristía), ahora quiero compartir, queridos hermanos y hermanas, mi experiencia eucarística. Y quisiera comenzar por esa experiencia de prepararme cuando era niño para recibir el sacramento de la Primera Comunión.
Mi madre, quien fue mi catequista, en el seno de la familia me fue inculcando en el corazón y en la mente lo que significaba recibir a Jesucristo vivo y presente en la hostia consagrada. ¿Cómo no recordar con gratitud aquel domingo cuando, por primera vez, recibí la presencia real de Jesucristo a través de su cuerpo y de su sangre? Agradecer al sacerdote que me comunicó esa vida y que esa vida se fue haciendo vida en mí y que hoy, pues, como sucesor de los apóstoles, quiero agradecer ese misterio admirable.
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No tengo palabras para describir aquel momento inolvidable cuando hice mi Primera Comunión. Qué bonito hoy el Evangelio de Mateo, en este domingo, día mundial de las Misiones, en el capítulo 22, versículo del 15 al 21, nos recuerda que tenemos que dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
Desde esa familia donde fui creciendo, fui conociendo a Jesucristo, mis padres, especialmente mi mamá, me entregó al Señor aquel día de la Primera Comunión para que fuera su discípulo, para que fuera su misionero.
Ella se desprendió de su hijo para que, a través de esta hermosa vocación sacerdotal y hoy como obispo de esta querida Diócesis de San Cristóbal, pudiera seguir dando lo mejor de mí para que nuestra Iglesia Local tenga vida y vida en abundancia.
Queridas familias, acompañen a sus hijos a recibir la Eucaristía como alimento que acompaña la vida de sus hijos y los va llevando y los va guiando para que ellos también se conviertan en comunicadores de vida y vida en abundancia.
Que el Señor les bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Mons. Lisandro Rivas
Obispo de la Diócesis de San Cristóbal


