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¿A qué convocamos a los jóvenes hoy?

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De cada uno de los jóvenes depende una renovada vitalidad del pueblo de Dios (Juan Pablo II, 11 de abril de 1987) Somos llamados a ser vigor en la Iglesia


Leonardo Vivas

            Seguramente esta pregunta pueda tener muchas respuestas, sin embargo, es oportuno mencionar la necesidad de recordar a nuestros jóvenes la importancia de saber a que son convocados por la Iglesia, que ve en cada uno de ellos un signo de esperanza.

 Ser un joven cristiano, ciertamente es un desafío contracultural, pues la sociedad hace un llamado insistente al hedonismo y a la perdida del sentido de Dios. Es por ello que se hace urgente y necesario que los jóvenes sepan el gran compromiso cristiano que tienen para responder a los signos de los tiempos con ilusión y optimismo. ¡Son la esperanza de la Iglesia!

En un siglo marcado por las ideologías, los jóvenes se convierten en objetos de manipulación, muchos de ellos «son ideologizados, utilizados y aprovechados como carne de cañón o como fuerza de choque para destruir, amedrentar o ridiculizar a otros. Y lo peor es que muchos son convertidos en seres individualistas, enemigos y desconfiados de todos, volviéndose presa fácil de ofertas deshumanizantes y de los planes destructivos que elaboran grupos políticos o poderes económicos.» (cfr. Exhortación Christus vivit, n 73)

A estas realidades se suma la fe, que se ve opacada en numerosas ocasiones por la falta de una respuesta a las profundas interrogantes de los corazones inquietos de los jóvenes. Pensar en contestaciones capaces de transformar sus corazones es un desafío de la Iglesia. Es necesario saber a qué son convocados.

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Los jóvenes y la Iglesia

No cabe duda que los jóvenes son un factor esperanzador en la Iglesia, sin embargo, en múltiples ocasiones los mismos no se acercan con tanta facilidad a acoger la experiencia de la fe, debido a la falta de acciones pastorales concretas, pero también debido a la cerrazón del corazón que se ha anidado por la acción del pecado y de las ideologías. El reto para los pastores se centra entonces en la necesidad de mostrar el rostro de aquel que es eternamente joven y quiere regalarnos un corazón siempre joven. ¡Cristo Jesús! (Exhortación Christus vivit, n 13)

Se trata de conocer a cada uno para brindarle una experiencia de redención que permita descubrir la acción de Jesús, como cada personaje del evangelio que, tras un determinado encuentro con el maestro, experimentó un cambio drástico en su vida.

Hoy los jóvenes se ven necesitados de respuestas venidas del corazón de Dios, necesitan ser convocados por el amor para sanar las heridas originadas por el pecado y así ser portadores de la buena nueva del evangelio, en una Iglesia en constante renovación. Nunca un joven puede apartarse de nosotros sin sentirse convocado a ser parte de la Iglesia y por ende a llevar a otros a esa experiencia de fe comunitaria.

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            La convocatoria a los jóvenes

Nuestro mundo necesita una resurrección espiritual y para ello Dios cuenta con cada uno para emprender un cambio profundo en la sociedad. Antes de saberse convocados los jóvenes necesitan saberse hijos de Dios. Alguien debe decirles que son amados por Dios y llamados a ser parte de la Iglesia para llevar el mensaje de salvación por doquier. 

Nuestros jóvenes son convocados entonces a ser hijos de Dios, para ser miembros de la Iglesia. Sin embargo, ahí no se agota la convocatoria, cada uno esta llamado a ser testigo de la Resurrección y a ser protagonista de sus esperanzas. Son llamados a ser un soplo de vitalidad para la Iglesia que cada día se renueva.

Los jóvenes hoy están convocados a construir una sociedad cimentada en el amor, la verdad y la justicia, sin reduccionismos antropológicos, están llamados a ser luz para aquellos que han avanzado en el camino de la vida. Solo en la experiencia de Cristo los jóvenes podrán encontrar la respuesta a sus mas profundas interrogantes, se trata de ver en la persona de Jesús un verdadero maestro que nos convoca, que nos llama a cada uno desde su experiencia particular.

Esta es la hora de sumarnos a la causa de Cristo, de sentirnos convocados por Él y decirle llenos de confianza ¡Aquí estoy Señor!  cuenta con este joven corazón inquieto que quiere proclamar la buena nueva de la salvación.  ¡Los jóvenes de este milenio somos convocados a ser centinelas de la mañana!  No tengamos miedo de experimentar a Cristo, incluso si su mensaje es exigente y está marcado por el camino de la cruz.

 

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