OpiniónTitulares

CATEGORÍAS Y CRITERIOS DEL DIÁLOGO

Fe creída, Fe vivida

Pbro. Jhonny Alberto Zambrano Montoya

 

Continuando en esta reflexión sobre el diálogo como criterio teológico que san Pablo VI nos ofrece para una evangelización de las realidades sociales, en esta oportunidad hablaremos sobre el diálogo desde las Categorías y Criterios que iluminan este propósito, basados en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (GS).

 

Al inicio la GS deja claro que la Iglesia participa de todo lo que viven los hombres y mujeres en el mundo: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo […] La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia»(GS 1).

 

Por ello, releyendo GS logré verificar y discernir algunas CATEGORIAS que se enmarcan dentro del diálogo Iglesia-Sociedad, que aportan CRITERIOS para líneas claras de operatividad en una pastoral para una acción política desde nuestra Iglesia Local de San Cristóbal.

  1. Delimitar el SIGNIFICADO DE MUNDO (SOCIEDAD), como el espacio donde se debe realizar el diálogo. Por ende, el diálogo implica expansión en las realidades del mundo y del hombre. «Tiene pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias» (GS 2).
  2. En este mundo buscamos conocer las ESPERANZAS Y DIFICULTADES, es decir, encarnar el Evangelio en las realidades sociales, con sus implicaciones asertivas y vulnerables e iluminarlas o superarlas desde lo transcendental. «Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad, sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas» (GS 2).
  3. La Iglesia invita a tener CONCIENCIA DE LOS CAMBIOS PROFUNDOS que se están dando y las aspiraciones e interrogantes presentes en la humanidad (Cfr. GS 5-10). El diálogo implica profundidad, y este la tendrá en la medida que la Iglesia tenga conciencia de su misión. La misión de la Iglesia se fundamenta en el encuentro-relación mediante el diálogo, que permite el reconocimiento mutuo Iglesia-Sociedad, buscando la salvación: «Interesa al mundo reconocer a la Iglesia como realidad social y fermento de la historia […] la Iglesia reconoce los muchos beneficios que ha recibido de la evolución histórica del género humano»(GS 44).
  4. La Iglesia en su MISIÓN AD EXTRA debe hacer realidad la nueva creación, con su efecto pascual: un cielo nuevo una tierra nueva (Cfr. GS 39). Esto se da con DINAMISMO ESCATOLÓGICO, donde la Iglesia no solo comunica la vida divina al hombre, sino que defiende y promueve la dignidad de la persona, dando firmeza a la sociedad y actividad de la humanidad, un significado profundo de sí misma y su historia (Cfr. GS 40-41).
  5. La Iglesia anima a sus miembros a CUMPLIR SUS DEBERES y cooperar para que el mundo alcance su perfeccionamiento: «El Concilio exhorta a los cristianos […] a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas según la vocación personal de cada uno» (GS 43). Tenemos en el nuevo Beato José Gregorio Hernández Cisneros un ejemplo vivo de esta invitación.
  6. La Iglesia dialoga con todos SIN ACEPCIÓN DE NINGÚN TIPO, lo hace desde la propia conciencia de su identidad. Ella se siente íntima y realmente solidaria del género humano: «El deseo de este coloquio, que se siente movido hacia la verdad por impulso exclusivo de la caridad, salvando siempre la necesaria prudencia, no excluye a nadie por parte nuestra, ni siquiera a los que cultivan los bienes esclarecidos del espíritu humano, pero que no reconocen todavía al Autor de todos ellos. Ni tampoco excluye a aquellos que se oponen a la Iglesia y la persiguen de varias maneras. Dios Padre es el principio y el fin de todos. Por ello, todos estamos llamados a ser hermanos» (GS 92).

 

Por tanto, podemos decir que la Iglesia al volver su mirada maternal hacia el ser humano, lo hace tomando conciencia del mundo (sociedad) donde se encuentra, con sus esperanzas y dificultades, sin distinción de personas, manifestando un gesto profético: le invita a permanecer fiel al DESARROLLO INTEGRAL DE TODA PERSONA HUMANA, cuyo fin último es la salvación de toda la humanidad. Pero sin descuidar los deberes de cada uno en su propia responsabilidad.

 

Esto explica su preocupación por las diversas áreas del acontecer humano: desde la familia hasta la dimensión política. La Iglesia procura prestar a cada hombre, su servicio de salvación y liberación (Cfr. GS 41). La Iglesia es luz, sacramento, señal para toda la sociedad. Y UNA DE ESAS SEÑALES ES EL DIÁLOGO, señal profética para el momento presente que ha de caracterizar a la Iglesia ad intra y ad extra.

 

Estas seis categorías que señalo y que están en sintonía con el pensamiento social de san Pablo VI, desprenden algunos CRITERIOS importantes que pueden iluminar el diálogo Iglesia-Sociedad en Venezuela.

  1. Este diálogo forma parte de la MISIÓN EVANGELIZADORA Y LIBERADORA DE LA HUMANIDAD. Esto constituye una nota distintiva del diálogo salvífico. Sin embargo, hay tendencias que no caminan por las mismas sendas del Evangelio: el secularismo, el relativismo ético, los sistemas ideológicos y políticos. Hay que conocerlos y no huir de ellos, es necesario iluminar, dialogar y proponer un camino de salvación y liberación integral.
  2. Se debe realizar en LA PLURALIDAD DE ÁMBITOS Y CONTEXTOS que presenta el mundo. Entre ellos está el ámbito político, encarnado en el contexto rural o urbano. Y, además, tener en cuenta los diversos GRUPOS HUMANOS de la sociedad: los pastores, los estudiantes, la clase dirigente, los ciudadanos de a pie, los alejados y vulnerables, los migrantes.
  3. Se utiliza como MÉTODO LA LECTURA Y DISCERNIMIENTO DE LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS en el ámbito político, mediante el Evangelio y la DSI que debe encarnarse en el contexto. Por ello, se hace necesario que el diálogo implique la humanización.
  4. LAS TAREAS PERTINENTES para preparar y realizar el diálogo, según los roles serian: LOS PASTORES han de sostenerlo, guiarlo y acompañarlo (Cfr. GS 76). LOS LAICOS por su vacación bautismal y misión secular deben ser protagonistas del mismo en las realidades sociales (la acción política).

 

«La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio […] Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, así demostrarán también con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad » (GS 75).

 

Ambos lo harán con el lenguaje propio de la Iglesia, el de la caridad. Este diálogo entre la Iglesia y la sociedad tendrá como punto de encuentro la persona y la existencia humana.

 

Por tanto, EL DIÁLOGO EN LA RELACIÓN IGLESIA-SOCIEDAD ES EL CRITERIO MATRIZ, que ES nos ofrecía y que GS lo fortalece y amplía a ámbitos específicos, como el de la acción política. En el proemio (GS 1-3) y la exposición preliminar (GS 4-10) la Iglesia presenta sus razones para el diálogo y encuentro con el mundo. El capítulo IV de la primera parte (GS 40-45), presenta el fundamento existencial de la realidad del mundo, para pensar en la necesidad del diálogo de la Iglesia con la humanidad entera, que busca dignificar a la persona, crear fraternidad y dar sentido a la actividad del hombre, ya que el mundo es el escenario de la historia del hombre y donde se desarrolla el plan de salvación. El capítulo IV de la segunda parte (GS 73-76) nos presenta los fundamentos cristianos de la comunidad política para ejercer en el mundo la acción salvífica. Por ello, la realidad humana se percibe mejor y se perfecciona en la realidad cristológica, que le da sentido a la realidad social.

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