Aquellos que comparte el triunfo y la gloria de Jesucristo por toda la eternidad son parte de la solemnidad de todos Los Santos, la cual se centra el primero de noviembre en una gran fiesta, que tiene como eje primordial la unificación, no solo de los santos reconocidos por la Iglesia sino por todos, que, desde el anonimato, se entregaron a la palabra del Señor y hoy están junto a Él disfrutando de la dicha de la vida eterna.
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Esta solemnidad representa un recordatorio que nos revela que todos estamos llamados a la santidad, la cual debemos cultivar día a día con nuestras obras colmadas de misericordia y amor, siempre de la mano de Dios con el respeto y acompañamiento a nuestro prójimo.
“La Solemnidad de Todos los Santos tiene sus orígenes en el siglo IV, cuando el número de mártires de la Iglesia llegó a ser tal que era imposible destinar cada día del año para recordar a cada uno de manera independiente. Entonces, la Iglesia optó por hacer una celebración conjunta para honrar a todos los que habían alcanzado el cielo, en un solo día, una vez al año”.
Presbítero Jesús Duque (párroco-rector de la Basílica de Nuestra Señora de La Consolación)
“En la solemnidad de Todos los Santos, la Iglesia eleva su mirada al cielo y contempla, con asombro y esperanza, a esa inmensa multitud de hombres y mujeres que vivieron en amistad con Dios. Son los santos reconocidos por la Iglesia, pero también tantos santos anónimos: madres y padres que amaron hasta el sacrificio, jóvenes que conservaron la fe en medio de las pruebas, enfermos que ofrecieron su dolor con confianza, pobres que supieron compartir y personas sencillas que hicieron de cada día un acto de caridad”.
Presbítero José Jesús Mora (párroco de la parroquia San Juan Bautista de la Ermita)
La solemnidad de todos los santos nos recuerda que cada uno de nosotros estamos llamados a ser santos. El Señor nos dice en su palabra: «Sean santos porque yo, el Señor, soy santo». Y ese llamado a la santidad lo recibimos desde el momento de nuestro bautismo. Este llamado universal a la santidad. Así como José Gregorio Hernández y madre Carmen Rendiles fueron llevados a los altares. Sumado a la palabra de Dios que nos refiere al grano de mostaza que poco a poco va creciendo. Es decir, Dios ha sembrado en nosotros la santidad y que poco a poco tiene que ir creciendo en nosotros como el reino de Dios para llegar al reino de los cielos.
Presbítero Luis Atuesta (párroco de la parroquia San Bartolomé)
“El día de todos Los Santos celebramos dentro de la Iglesia aquellos hombres y mujeres que han dado un testimonio muy grande en nuestra Iglesia. Los santos de una u otra manera son un ejemplo a seguir por todos nosotros los cristianos, un ejemplo para la humanidad, un ejemplo para la Iglesia y nos afirman que la santidad es una puerta abierta para todos”.
Presbítero Mauro Orrú (párroco parroquia a Santa Lucía y San Mario)
No estamos precisamente celebrando un santo como pasa todos los días, sino que estamos celebrando la santidad como una realidad para tomar conciencia que es nuestro llamado, el de todos. Porque en esta gran santidad que celebramos el primero, hay viudas, y huérfanos, hay curas, y laicos, hay padres de familia, mamás, hay todo. Entonces en cualquier realidad que nosotros vivimos allí podemos realizar esta santidad, que no es otra cosa que tratar de regresar al proyecto inicial de Dios. Cuando Dios ha pensado en mí, en ti. Nos ha pensado perfectos, humanamente, espiritualmente, esa es la santidad. Dejarse guiar por el Señor hacia esta perfección que es la configuración con Cristo, ser imagen de Cristo.
Carlos A. Ramírez B.


